J.M. Penadés


Ser ventana abierta haga sol, viento, frío o llueva. Reconocerte en lo que compartes en esa casa que te entregan amueblada y construida antes de ver y de pensar, una casa que a veces ríe y otras duele: entender sus cimientos, sus materiales y por qué con ellos y de esa manera conlleva un tiempo que va viniendo a su ritmo -uno impreciso y variable-.


Una casa que también vino con un jardín que brinda y muestra, en lo fértil de su diversidad, lo que significa todo eso y que son tantas cosas. Siempre dice lo mismo: que el jardín de la familia, que es el del amor, porque amar implica un otro, sólo necesita luz y cuidados en todos sus ciclos estacionales, y que el cuidado es activo, observador y plural.Ciclos estacionales por los que mi jardín interior también transita. Y el tuyo, porque también es naturaleza.


En una ventana y en un jardín cerrados no entran ni plagas ni amenazas -porque no vive en ellos nada. 


Yo vuelvo con la mía bien abierta y el mío bien regado. ¡Y que se pierda la cosecha si no! …Pero que respire, se mueva y viva la tierra.


Familia soy, familia que me quiero. Salud.

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