Esta frase me la repetí muchas veces después de dejar mis adicciones.
Cuando los adictos dejamos de consumir, nos damos cuenta de lo torpes que somos emocionalmente.
Empezamos a consumir a una edad temprana siendo inexpertos y nunca aprendemos a gestionar bien las emociones. Estamos tristes, consumimos. Estamos contentos, consumimos.
No reflexionamos. No crecemos. Pensamos que en la vida todo se consigue al instante y esto es un gran problema, quiza el peor, después de la propia adicción.
Luego, en la rehabilitación y en la abstinencia, nos damos cuenta que somos incapaces de tolerar la frustración y que tenemos que aprender ha hacerlo. Tenemos que aprender que la tristeza sirve para pensar, reflexionar y enfocar como encarar el futuro. Tenemos que aprender que es inevitable y que si nos invade, hay que aguantar y esperar a que mañana salga el sol.
Pensar que las mejores soluciones no suelen ser rápidas y que paliar rápidamente la tristeza y la frustración, nos ha vuelto inútiles e incapaces de manejar nuestras vidas. Porque las sustancias no solucionan, apartan los problemas para que luego vuelvan más fuertes y nos ahogen, nos asfixien. 
Seamos nuestra mejor versión ahora que nada nos coacciona. Volemos ahora que nada nos agarra por los tobillos y si un día no podemos y la vida nos golpea recuerda que se puede estar triste y no pasa nada. Salud. 

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