Una vez lejos las elecciones madrileñas, parece que las declaraciones de odio de los fascistas nos inquietan poco. Todo indica que lo de ver las orejas al lobo era simplemente cuestión de recuperar y aglutinar votos de aquellos y aquellas que aún nos mantenemos firmes ante la barbarie de la extrema derecha.

El fascismo ha sido trivializado durante muchos años por la misma gente que es responsable de auparlo y consagrado a la categoría de normalidad política. Ahora resulta que se ha vuelto indomable y viral, que no duda en morder la mano del que le dio de comer, que pasa de lo accesorio a lo principal y que se convierte por arte de birlibirloque en el centro de la realidad política cuando la poltrona está en juego.

Estos meses, se han lanzado variopintas recetas para acabar con esa lacra que empieza a entrever sus intenciones más siniestras… el “bálsamo de Fierabrás”: cordón sanitario, al fascismo se le gana con la palabra, contra el fascismo voto demócrata, etc.

No sé si alguien sabe realmente qué es eso del cordón sanitario y/o qué representa en lo concreto al margen de ser una consigna muy manida que puede traducirse en mil cosas y en ninguna. Todo parece apuntar a que es puramente retórica, pero podría implicar un aislamiento institucional, mediático o de algún tipo. Habrá que esperar a ver en qué se concreta…

O quienes han propuesto esto no se enteran del mundo en el que vivimos o nos quieren hacer pasar a todas y todos por tontos. O ambas cosas. El fascismo como herramienta política forma parte del ideario de un sector del bloque de dominación oligárquico burgués y como tal, tiene sus apoyos mediáticos, financieros y por lo tanto su círculo de amistades y alianzas. Algunos de los aliados coyunturales del fascismo, se autodenomina sin pudor “demócratas”. Este término, sin duda, ha ido perdiendo definición y desgastándose con su uso perverso, igual que otros tantos vocablos que en la política y la sociedad se amoldan perfectamente al interés de la cultura hegemónica.

También se ha planteado, en la misma linea, pero de forma más concreta, que a la extrema derecha no se le debe alimentar en los debates, que no hay que dirigirles la palabra, que hay que ignorarlos.

Cómo réplica, quienes opinan que con la “palabra se vence al fascismo”. Optimismo a raudales si alguien piensa que la simple confrontación de ideas, sin cambio en las condiciones materiales, sirve para arrojar luz a posiciones ideológicas que no están forjadas por la razón y que navegan en un universo paralelo con sus propios mitos. Casar la esquizofrenia con la razón, sin medicar adecuadamente, es chocar contra un muro.

Pero sin duda el mayor postureo contra el fascismo es aquel que asevera que a este se le derrota con los votos. Esta sin duda es una de las visiones más distorsionadas de la realidad y más alejadas del sentir de la calle. Y es que el apesebramiento de parte de los gestores “progresista” de nuestro capitalismo, lleva a estas conclusiones. Confunden la cúspide institucional con las bases, el parlamento con los barrios y la carrera política con las relaciones laborales. Es decir, las churras con la merinas.

El problema social del fascismo no es que sus representantes ocupen tal o cual cargo de forma puntual en un ayuntamiento, parlamento o gobierno; sino, que la sociedad en sí mima asuma parte de su ideario racista, xenófobo, homófobo, machista y criminal y lo normalice. Y por desgracia, esa fascistización de parte de la sociedad que se consolida y amplía no se combate dando vidilla a gobiernos que por muy de izquierda que quieran autodenominarse aplican políticas antipopulares, y que son el verdadero caldo de cultivo de la extrema derecha.

Las próximas reformas en pensiones o trabajo (por citar solo algunas medidas) mandatadas por el proyecto oligárquico de la Unión Europea a cambio de un dinero público (Plan de recuperación y resilencia) que servirá para reflotar a los monopolios y aumentar sus plusvalías y que será gestionado por el “gobierno progresista” de España y con protagonismo de destacados miembros no solo del PSOE, sino de Podemos, IU e incluso el PCE, son la punta de lanza de una mayor depreciación de la fuerza de trabajo; es decir, un empobrecimiento de la población en general.

Está claro, que sin salida a la izquierda para superar las penurias solo queda la derecha.

¿A ninguna de esta burocracia iluminada se le ha ocurrido pensar que los problemas sociales deben tener solución en el mismo ámbito?

Al fascismo se le combate con la organización popular. Es necesario un amplio movimiento de masas de carácter antifascista que esté presente en los barrios, que construya una estructura de poder popular alternativa al entramado institucional que sirve a los intereses de la clase dominante.

Es necesario que esa organización popular trabaje con la clase trabajadora y capas populares y que vaya tomando poco a poco las riendas de la vida municipal. Que establezca redes de ayuda y solidaridad entre vecinos y vecinas necesitadas, que acompañen y garanticen con su lucha la atención de nuestros mayores, que frenen los desahucios, que mediante el movimiento asambleario vecinal facilite la participación en las decisiones políticas de aquellos aspectos que implican a la ciudadanía, que aísle socialmente las expresiones racistas, xenófobas, homófonas y machistas, que se enfrente a las políticas que favorecen el paro, la precariedad y la pobreza…

No se habla mucho de esta solución al fascismo. Quizá sea porque no es cortoplacista. Quizá porque los réditos políticos no quedan nada claros. Es posible también que la emancipación organizativa popular evite en un futuro la pleitesía que hace que algunas y algunos estén en cabeza constante de cartel y que haya temor a que esto se le vaya de las manos a más de uno y evolucione hacia posiciones verdaderamente de combate no solo contra el fascismo, sino también contra el control hegemónico de la sociedad que promociona la política que en beneficio de unos pocos es capaz de sacrificar a la mayoría social.

Kike Parra

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *