Periodistas como ellos son un ejemplo, no los que están a sueldo de cadenas o editoriales con afinidades políticas. Hablo de David Beriáin y Roberto Fraile, asesinados hace unos días en Burkina Faso, un país donde operan grupos terroristas, furtivos y bandidos, además de yihadistas.

David y Roberto, especialistas en documentales de alto riesgo, trataban de denunciar la caza furtiva en este país africano, uno de los más peligrosos del mundo. No obstante, estaban acostumbrados a lidiar con narcos, asesinos a sueldo, guerrillas o gente muy peligrosa. Ese es el verdadero periodismo. 

El periodista David Beriáin se había sumergido antes de este viaje en las organizaciones criminales más peligrosas del planeta para rodar una serie de documentales para DMAX bajo el epígrafe de ‘Clandestino’.

Fraile, el cámara que trabajaba en el documental contra la caza furtiva con Beriáin, en 2012 resultó herido en la explosión de un artefacto en la ciudad de Alepo donde se encontraba grabando a las tropas insurgentes en el conflicto. 

En aquella ocasión, Fraile fue operado de urgencia en un hospital de la ciudad y posteriormente fue evacuado a Turquía.

Lo que más vergüenza me provocó de este asesinato es que en muchos informativos este hecho pasara desapercibido, dando más bombo a los Ayuso, Gabilondo, Monasterio y compañía por unas elecciones que, todo sea dicho, a los que somos fuera de Madrid nos importan un carajo. 

Dos valientes de la comunicación han sido asesinados… Pero, eso a quién le importa. Descansen en paz. 
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