Hay gente que en muchas ocasiones recurre al fútbol y a su terminología como símil para explicar cuestiones de la vida ordinaria, de la política, las ciencias sociales o incluso económicas y facilitar así su entendimiento. Ahora podríamos hacer un ejercicio inverso. Quizá la realidad circundante la podamos utilizar para entender qué es eso de la Superliga europea.

Estas reflexiones nos deben ser válidas, tanto si el proyecto sigue adelante de forma inmediata como si simplemente se han puesto las bases para un debate que solo puede acabar a la larga con la voluntad de cerrar para unos pocos privilegiados un negocio multimillonario.

Cualquier aficionado o aficionada futbolera que se precie ya se habrá coscado de las buenas nuevas y del revés prematuro del ínclito Florentino y sus homólogos jerarcas del fútbol europeo. Sin duda, además, se habrán creado una opinión al respecto y habrán debatido en las ágoras de los nuevos tiempos: esos bares donde se rezuma sabiduría popular a raudales.

Lo ocurrido con nuestro deporte rey y la pretensión de segregación, que ronda desde hace ya algunos años, no es otra cosa que lo acontecido en menor o mayor grado a otros sectores de la economía; es decir, que se ha contraído, que se ha concentrado, que la competencia ha dejado en la cuneta el sueño americano de más de un “emprendedor”, que los pequeños proyectos hace tiempo “emprendieron” las de Villadiego, que los monopolios son la realidad de la vida económica capitalista en su fase actual, incluyendo en el paquete, como no podía ser de otra forma, el deporte-mercancía. Porque a estas alturas, no creo necesario convencer a nadie de que los clubes de futbol profesional son empresas, ¿o sí?.

Es cierto que planteado así puede suponer un jarro de agua fría sobre la excitada pasión de los “hoolligans”, porque gritar Iberia Oe oe oe o mucho Repsol oe oe, parece absurdo, pero animar al Manchester United, Barcelona o Juventus es lo más normal del mundo, aún sabiendo que los 20 equipos más ricos del mundo ingresaron en 2020, 9.200 millones de euros. A pesar de eso, seguimos pensando los románticos que el fútbol espectáculo es de la afición. Y sin duda así es, pero de la afición al dinero.

La cuestión es que al igual que en otros sectores empresariales, las grandes empresas del deporte espectáculo, aprovechan las crisis cíclicas del capitalismo para fortalecerse y comerse a la competencia, para incrementar su poderío y dominio crematístico.

Tras conocerse la noticia de la creación del megalítico proyecto, la Juventus de Turín llegó a aumentar su cotización en bolsa un 10 % y el United un 7,5 %. Y es que tal y como comentó el gran especulador bursátil André Kostolany: “Si en el mercado hay más tontos que papel, la bolsa sube.”

No se da ese reflejo bursátil en el caso de las SAD españolas, que aquí no se cotizan así, que nosotros somos más tradicionales y campechanos y aún seguimos con aquello de “bolsa, mujer y espada, no quiere andar prestada” o quizá sea que la transparencia y la contabilidad exigida para las salidas a bolsa dificulten jugadas tiki taka al más puro estilo borbónico, tan de nuestra tradición.

En cualquier caso, esta nueva pretendida y de momento frustrada Superliga europea sigue la senda de la creación de la Unión Europea y sus principios fundacionales. No es más ni menos que un proyecto hecho por unos pocos para favorecer a esos pocos. ¿Y el resto? ¿Y la gran mayoría? Pues como siempre, pero ahora con más fervor… ¡A animar a nuestro equipo!

¿Y qué pasará con nuestro querido Hércules y con otros tantos clubes o SAD modestas en un futuro? Pues lo mismo que con tantas otras empresas pequeñas y medianas en otros tantos sectores… Lo que al bar de Pepe o la mercería de Julia. Que acabaremos dedicándoles las palabras de Mario Benedetti: “Y si vas a salir de mi vida, sólo te pido una cosa. Una vez que te hayas ido y veas que estoy bien, no te atrevas a volver”.

Pero que nadie se inquiete porque estaremos bien. Al menos hasta que empecemos a comprender que el deporte es algo que se practica y no algo que se ve y que el plusvalor que producimos en nuestros trabajos debiera ser colectivizado y no apropiado por unas pocos.

El órdago ya está echado. Ahora, con Superliga o sin ella, lo que está claro es que la cuenta de resultados de las grandes empresas del balompié seguirán creciendo y las dificultades de los modestos aumentando.

Hasta entonces, podemos estar tranquilas y tranquilos y seguir desfogándonos y gritando al cielo eso del força Barça y hala Madrid.

Kike Parra/ @pcpe_alacant

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