Francisco Jesús García García

Jactándose de su connivencia con las amenazas recibidas por Iglesias, Marlaska y Gámez, Rocío Monasterio habría ganado el debate de ayer en la cadena SER solo con mantener su alarde protofascista abortando la liturgia por excelencia de la democracia, el contraste de ideas y propuestas políticas.

Solo el candidato de Unidas Podemos supo ver el gambito de dama y romper la jugada antidemocrática que la dirigente de extrema derecha maquinaba.

Sin embargo, la medalla de oro del debate se la llevó Isabel Ayuso porque sin salpicarse y sin mover un solo músculo consiguió precisamente su objetivo de que finalmente los debates electorales hayan quedado reducidos a un único encuentro.

La medalla de plata fue para el fundador de Podemos que también consiguió su objetivo de romper la estrategia de VOX pero pagando el alto precio de tener que mancharse de barro y de renunciar a nuevos debates, formato en el que nada como pez en el agua.

A punto estuvo de quedar sin adjudicar el galardón de bronce. Hubo que esperar larguísimos minutos de cohabitación hasta el descanso, en el que se supone que fue aleccionado por su equipo de entrenadores, para que Gabilondo reaccionara y regresara al terreno de juego solo para comunicar, por fin, que lo abandonaba por dignidad democrática.

Tal vez alguien lo considere lamentable, pero en el podio solo hay tres plataformas. Las lentas, las indecisas y las aficionadas a la connivencia se quedan fuera.

Es un mantra de la democracia que todas las opiniones son respetables menos la intolerancia, la xenofobia y la incitación al odio. Pero la realidad es que pasito a pasito los lemas, las actitudes y los métodos totalitarios se han ido instalando y normalizando en las estructuras políticas de este país.

Ya habíamos alertado en Alicante Opinión de que la injustificable e inaudita tolerancia por parte de las autoridades de la seguridad del Estado del delito continuado de acoso a la familia del Vicepresidente Segundo del Gobierno de España solo serviría para alentar la metodología de la intolerancia.

También en estas páginas se pronosticó el ruido de sables en la milicia y de togas en los juzgados que recientemente ha acompañado a la destitución del coronel Pérez de los Cobos por pérdida de confianza del ministro Marlaska y a la insólita resolución judicial que obliga a reponerlo en su puesto de confianza perdida.

Ahora los mismos máximos responsables de la lamentable condescendencia con el acoso de Galapagar -el Ministro del Interior y la Directora General de la Guardia Civil- son las víctimas de en un salto cualitativo mafioso, sufriendo, además de la familia de Pablo Iglesias, amenazas directas con símbolos militares (nada menos que proyectiles del Ejército regular y usando el nombre de las policías armadas estatales), con alborozo incontenido de la derecha extrema: “Tienes diez días para dimitir. El tiempo de reírte de nosotros se terminó. Policía Nacional. Guardia Civil. El tiempo lo tienes en contra para los taponazos”.

Sería una irresponsable demostración de anemia democrática que en las próximaUnis horas no se despliegue una fulminante operación policial que localice y ponga a disposición judicial a las personas responsables de esta campaña de amenazas y, lo que es más importante, que investigue en todas sus ramificaciones la eventual existencia de una trama organizada de diseño y soporte de las mismas. Hay muchos cabos para tirar del hilo: equipos de personas que cercaron el domicilio de dos ministros del Gobierno, sobres, sellos, balas, caligrafía, papeles y hasta un léxico singular exclusivo de una orilla del Río de la Plata.

El juego va en serio. En Madrid, allá donde se cruzan los caminos y la vida es un metro a punto de partir, se va a decidir la viabilidad para todo el Estado de los gobiernos de coalición progresista, la hegemonía a la izquierda del partido de centro en que se está convirtiendo el PSOE y, sobre todo, la orientación centrífuga de la derecha, cuya única posibilidad de gobernar será en coalición con VOX, que ya ha anunciado que, para tener acceso al sumario, se personará como acusación popular si hay caso judicial,y por lo tanto presuntos implicados.

No existen una bala de plata efectiva contra los monstruos. No hacer frente a las actitudes fascistas es normalizarlas y no se puede olvidar que ya se vivió la experiencia de permitir que proliferaran: Al final solo se pudieron erradicar por la fuerza de las armas al precio de millones de muertos en la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *