El pasado 15 de marzo se cumplieron diez años del inicio del conflicto en Siria. En ese lapso de tiempo más de once millones y medio de personas han tenido que huir de su hogar, dejando todo atrás, con el único objetivo de salvar su vida. No obstante, son muchos los que se niegan a abandonar sus casas, a sabiendas que quizás mañana encuentren la muerte. Además, casi cinco millones viven (sobreviven) como refugiados en países limítrofes con Siria.

De entre todos, en torno a medio millón de afortunados han podido alcanzar la costa europea, sin embargo, muchas personas han perdido la vida intentando alcanzar una Europa que hoy mira hacia otro lado, abandonándolos a su suerte. Los Estados miembros han recibido en su territorio a 937 demandantes de asilo de los 160.000 que se comprometieron a reubicar, desde Grecia e Italia, en un plazo de dos años, tal y como se recoge en la última evaluación publicada por la Comisión Europea.

Por su parte, Bruselas ha reiterado su mensaje de urgencia para que los gobiernos europeos asuman su responsabilidad y pongan en práctica los compromisos asumidos, dejando claro que deben agilizar los trámites para elevar drásticamente su capacidad de acogida. Y en cambio, Europa desobedece y firma un controvertido pacto con Turquía para tratar de frenar el flujo de inmigrantes y de refugiados; esos que huyen de una muerte segura poniendo su última esperanza en el viejo continente.

Cifras difíciles pero desconocidas para la inmensa mayoría. El panorama actual tiende a olvidar más bien pronto que tarde. Una realidad que se sobrecoge ante el cadáver del pequeño Aylan pero que ya ni siquiera recuerda. Un presente que mira compungido las noticias pero que al minuto dice bien alto, o a través de las redes, ¡Que aquí no vengan!

La Europa actual da miedo. Los partidos xenófobos emergen con fuerza impulsados por una población en crisis que culpa a los más débiles de su mala suerte, olvidando que no son los refugiados los culpables de su desgracia, sino aquellos que no hacen nada por evitar un conflicto porque va en contra de sus intereses. Y no podemos ni debemos olvidar nuestra propia historia. Recordemos que un día, no muy lejano, fuímos nosotros quienes huíamos del horror y la barbarie.

Hace diez años los sirios salieron a las calles a manifestarse a favor de un cambio político y se encontraron con una violencia que ha causado más de 200.000 muertes, desplazado a millones de personas y generado condiciones propicias para el avance del terrorismo, dijo el Secretario General de la ONU. 

Y recuerda, como dijo Jean-Paul Sartre, “cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren”. Salud.Zona de los archivos adjuntos

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