“Ahora sé que el niño en cada jugador nunca se apaga. No se debe reprimir el aspecto lúdico por el cual el fútbol se llama juego.”Maurizio Sarri

Este eterno déjà vu futbolero es agotador. Mucho más para nuestros niños y niñas, no cabe duda. Este último cierre de puertas ha partido en dos las ligas menores. Sin piedad, sin compasión. Y lo que nos queda por ver y vivir… El optimismo decae y las previsiones de finalizar de manera justa nuestras ligas no parecen muy esperanzadoras. Es el tremendo momento que nos ha tocado vivir. Tremendo en su enseñanza. Entonces, ¿por qué no aprovecharla? En el primerísimo portazo a la competición, mi corazón de madre ya vio una oportunidad única para detenerse y trabajar esos otros valores por los que, en temporada, casi se pasaba de puntillas bajo la presión de tablas, pichichis y ascensos. Una temporada en blanco para poder recuperar la esencia del fútbol: El juego por el juego. Cuando se entrena sin la sombra alargada de alineaciones y rivalidades por un puesto cada fin de semana. Cuando se da prioridad a la formación del jugador por encima de resultados. Primero personas, después futbolistas, cuentan por ahí… Canteras llenas de diamantes en bruto. Qué buena mano hay que tener para tallar cada joya. ¡Y qué difícil lograrlo…! Se olvida muchas veces que detrás de un dorsal hay un niño o una niña. Con sus días buenos y sus días malos, con más ilusión que técnica, con muchas ganas de hablar o ninguna, con esa montaña rusa de emociones que es la adolescencia… Dedicarle tiempo a los egos. Y al vestuario, ese mágico lugar donde se gesta la unión y la arenga. “Gestión de equipo” lo llaman ahora en este fútbol moderno tan alejado del fútbol de la calle. “Hacer familia” me gusta llamarlo a mí. Cuando un equipo está unido se ve en el campo. Las risas, los pases, los aplausos, los goles y las paradas, los abrazos… Todo fluye. Siempre recuerdo los mejores momentos de las peores temporadas porque se jugaba queriendo ganar, no por tener que ganar. Y si no se ganaba el partido, el premio ya había sido el jugar con toda el alma, que es la mejor de las sensaciones en el césped y en la vida. Y no recuerdo ni un sólo día que no sonrieran. Aprovechemos el tiempo de descanso de este partido tan largo y frustrante que nos ha tocado jugar para sacar lo mejor de cada uno de ellos, ayudándolos a crecer como futbolistas pero también como personas. De eso se trata el fútbol base, ese es su sentido primordial. Así me parece a mí. Pero no me hagáis mucho caso, ya os dije que yo no sabía de fútbol. 

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