En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, nos encontramos en un contexto marcado por la pandemia de la COVID-19. Vivimos el impacto de múltiples crisis (sanitaria, económica, laboral, etc.) que están poniendo en relieve un sistema corrupto que desplaza y descarta a millones de personas. Todas estas crisis tienen un factor en común: las mujeres siguen siendo especialmente afectadas.

«Antes de la pandemia, ejercía como monitora de comedor y de talleres. Que también eran trabajos precarios. Pero a causa del Covid, como muchas otras personas me he quedado en paro. Ha sido duro porque no me lo esperaba y ahora en casa no contamos con ningún ingreso más que la paga de mi madre que no llega a los 500 euros. Estoy echando currículums por todas partes y bastante desesperada.» (Triana, joven de 21 años).

Algunos datos que nos pueden servir para reconocer esta realidad:

  • En nuestro país, se está produciendo un auge en la trata de mujeres explotadas laboralmente. Sin embargo, permanecen en la mayoría de los casos ocultas e invisibilizadas. Mujeres traídas bajo promesas de un trabajo digno cuando lo que les espera es una situación de esclavitud y amenazas continuas. En el mundo la mayor parte de las víctimas de trata son mujeres adultas (49%), seguidas de las niñas (23%), siendo la explotación laboral el segundo motivo después de la explotación sexual.
  • La conciliación familiar sigue siendo un asunto pendiente que se ha hecho aún más evidente ahora. Según el Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE), el 84,5% de las mujeres en nuestro país realizan tareas domésticas cada día y solo un 41,9% de los hombres cocinan o hacen otro tipo de trabajo dentro de la casa a diario. En esta falsa conciliación familiar, el teletrabajo se está convirtiendo en un arma de doble filo para las mujeres con un incremento en la carga de trabajo de cuidados y una pérdida en las relaciones laborales comunitarias.
  • La brecha de género en el mercado laboral sigue en aumento, acelerándose en estos últimos meses. Según el último informe del Instituto de la Mujer, aumenta la proporción de las mujeres en las estadísticas de desempleo, del trabajo precario, a tiempo parcial o en la economía informal. Hay sectores en los que abunda la mano de obra femenina, como el turismo, comercio o la hostelería, que corren un serio riesgo de retroceso y generación de despidos. Destacamos la importancia de algunos trabajos como el de las empleadas de hogar o trabajadoras de supermercados que han conseguido visibilizarse durante esta crisis. Gracias a ellas hemos conseguido alimentarnos y curarnos, siendo trabajos que hasta ahora no se habían considerado como tan esenciales. Se ha de dar valor a estos trabajos procurando unas condiciones laborales dignas, acabando con la precariedad que afecta a estos sectores.
  • El impacto de la pandemia ha sido muy duro para las mujeres, particularmente desproporcionado para las mujeres jóvenes, ya que sufren mayor precariedad y peores condiciones laborales.

Un año más, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC), presencia de la Iglesia en el mundo obrero y del trabajo, queremos mostrar nuestro compromiso en favor de:

  • Un cambio del sistema económico y cultural que posibilite que todas las mujeres tengan el derecho a un trabajo digno siendo reconocidas y respetadas como iguales, tanto en lo personal como en lo profesional.
  • El desarrollo de políticas en el teletrabajo que permitan una conciliación familiar para hombres y mujeres.
  • El establecimiento de los controles e inspecciones oportunas en los lugares de trabajo para asegurar que se cumplan las leyes contra la trata de personas.

Para poder realizar un cambio profundo en la sociedad es necesario promover una educación basada en valores de igualdad, respeto, solidaridad y complementariedad, en la que renunciemos a los cánones impuestos de feminidad y masculinidad que no permiten desarrollarnos de manera integral como personas libres e iguales con la dignidad que nos otorga ser hijas e hijos de Dios.

Desde la JOC y la HOAC, como movimientos de trabajadoras y trabajadores cristianos, compartimos la llamada a celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en unión con el resto de compañeras y compañeros de las organizaciones sindicales, eclesiales, feministas y sociales, compartiendo el compromiso de seguir trabajando por hacer real y efectiva la causa de la igualdad.

«Ahora solo queda esperar y seguir buscando un nuevo trabajo. Y por supuesto luchar por todos los que, como yo, han perdido su oficio y por los que sufren la precariedad laboral. La esperanza es lo último que se pierde.» (Triana).

Extracto Manifiesto conjunto HOAC-JOC 2021, con motivo de la celebración del 8-M

Hoac Centro de Alicante

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