Alicia Valiente/ @aliciavalient11

La vida circula con normalidad. Sé cuándo estoy haciendo lo correcto porque me recompensa. Si te portas bien tienes premio. Si aceptas con todo tu ser los mandamientos culturales, serás normal y por tanto benefactora y/o beneficiada. Tu imaginario no corrompido formará parte de la creación de los posibles futuros existentes. El mantra es y será abrazar el beneficio exponencial e infinito como única categoría existencial. Las mentes razonables y científicas han dado validez a esa única posibilidad. Me lo enseñaron en el colegio y en mi casa y lo practico cada día.

Estoy haciendo una enumeración de cosas positivas para la siguiente sesión con mi médico personal. De vez en cuando necesito volver a poner en sintonía mi salud mental. Mi especialista me ayuda a repasar y reafirmar lo que está bien y lo que está mal.

Dicen que tenemos solo un planeta, pero estoy convencida que el dinero lo solucionará. Me refiero al hambre. El dinero solucionará el hambre. No sé por qué no lo ha hecho ya, la verdad. Por lo menos a mí me ha solucionado la vida. El dinero, no el hambre. No tengo que matarme a trabajar.

De pequeña pensaba demasiado en los demás. Eso le dijeron mis padres al terapeuta. Cuando jugaba con los hijos de Manuela y Antón, los que mantenían el establo y limpiaban la casa. No sabía por qué no podían venirse con nosotros cuando salíamos a cenar, eran muy simpáticos y educados, pero mi padre siempre me decía que no todos se han ganado los lujos de la vida. Me costó entenderlo, pero al final lo entendí. Es un poco abstracto, los matices que nos separan, pero pensar que hay un ellos y un nosotros, me ayuda a simplificar. Es un recurso para mantenerme un poco a distancia. Es lo que me aconsejó el psicólogo, que me alejara de aquello que me hacía sentir mal.

Fue en un momento de mucha ansiedad. Era muy sensible y mi padre tuvo que invertir mucho dinero en mi educación para poder enfocar la vida como lo hago ahora. Ha sido una suerte tenerlo, a mi padre, no el dinero.

Una de las cosas que he aprendido es a conjugar el verbo normalizar. Es parte de la terapia, me sienta bien y así puedo continuar. Lo hago en todos los tiempos verbales, como sustantivo, gerundio y participio. Lo dejo aquí como remedio.

Me llama la atención esa violencia. Le comenté a mi terapeuta. Estaba sorprendida. Una alerta había saltado en mi calma diaria. Me preguntó si seguía tomando las pastillas. Claro que sí, si no cómo iba a mantener la sonrisa. ¡Pero fíjate, contenedores quemados en las calles! ¿qué le pasa a esa gente? ¿No van al supermercado y compran? ¿No tienen dinero para comer? ¿Es que no les ayuda el Estado? Mantuvimos un diálogo comprensivo hasta volver de nuevo a una distancia prudencial.

Ya se sabe que los que no están hechos para los lujos, son los que más ayudas reciben. Sólo tienes que ver la vivienda social.

– Yo fui a comprarme un apartamento, si bueno, estaba junto a la playa, pero ni por ser menor de cuarenta me ayudaban. Alegaban algo del patrimonio familiar. – A nosotros no nos ayuda nadie y no vamos por ahí molestando a la gente. Al menos que se comporten. – Fue una conversación de lo más razonable.

¿Qué pretenden conseguir? Si hoy en día lo tenemos todo. Me parece tan arcaico que esgriman que luchan por sus derechos. ¿Qué derechos? Lo que sucede es que quieren vivir como reyes sin pegar palo al agua, como dice mi padre y por eso le tienen tanta tirria al emérito. Al final todo es envidia: mi madre lo tiene claro. No te apiades de ellos, si pudieran te apaleaban para quedarse con tu puesto, ellos no tendrán compasión de ti. Me lo decía cada vez que me veía darle dinero a un mendigo que se ponía en la esquina de la clínica privada, junto a un kiosco de prensa destartalado.

Bueno, creo que me he ido algo por las ramas, no pasa nada, tengo tiempo. Les recuerdo de nuevo mi consejo: conjuguen el verbo normalizar cada vez que les venga un reflejo de ansiedad. Háganlo sin reparo y a viva voz, coloca al instante la serenidad y se va el dolor. El tema de la violencia lo dejamos para otro día, es mejor tomárselo con calma, de forma burocrática, porque así es como se cura todo, con tiempo y no con dinero.

Imagen de Gerd Altmann

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *