Estos últimos días de confinamiento he vivido el insomnio de cerca. El cuerpo ya estaba acostumbrado a dormir de día y a pesar de casi 20 días sin trabajar, no aguantaba más de cinco horas en la cama. 
Pero hoy he tenido un sueño… No era una pesadilla, que es bastante habitual y más con toda esta “mierda” del Covid. Ha sido un sueño grandioso, magnífico, espléndido, majestuoso, fastuoso, opulento, pomposo, suntuoso, excelente, admirable… 
Póngale ustedes el calificativo que deseen, pero lo he disfrutado al máximo, y como bien decía Calderón de la Barca en su obra ‘La vida es sueño’: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”
He soñado contigo, hermano. Soñé que estabas con nosotros. Que se había inventado una vacuna contra el cáncer. Que comíamos juntos este próximo sábado un buen arroz al horno en casa de los papás, como hacíamos cada quince días. También estaba con nosotros la tía Pilar, el tío Rafa, Manolo, Fina y Paco, de Los Mejillones, los abuelos, y todos los que decidieron decirnos adiós. Pero los sueños, sueños son.
También pasó por mi cabeza que el mundo estaba unido. Que compartían mesa y mantel palestinos e israelitas; musulmanes y norteamericanos; ricos y pobres; homosexuales y sacerdotes; moros y cristianos, Caín y Abel, Cristiano Ronaldo y Messi. Pero los sueños, sueños son.
Me vino a la mente que se había inventado una vacuna contra el SIDA; que siguen las prostitutas en huelga de celo en Moscú; que a la soledad le había salido una amiga inseparable; que todos los parados acababan fatigados por las noches de tanto trabajar; que la nostalgia se había aliado con la alegría; que la metadona era una dulce golosina; que la realeza vivía por y para el pueblo, sin sueldo, sin ánimo de lucro, y algunos de ellos pagando sus deudas en la cárcel; que los músicos no eran encerrados por contar verdades. Que varios medios de comunicación dejaban de estar financiados por partidos políticos. Pero los sueños, sueños son.
Soñé que las depresiones tomaban café con el placer; que las bombas atómicas se convertían en cañones de confeti; que la ley de dependencia no dependía de nadie; que el talento productivo no me abandonó ni un instante durante algunos años; que teníamos una prima de riesgo sin riesgo de rescate; que los políticos fumaban la pipa de la paz y se aliaban para tirar todos juntos del carro y sacar a mi ‘Españita’ adelante de la crisis del Covid. Pero los sueños, sueños son.
No obstante, nunca abandones un sueño sin darle la oportunidad de que se haga realidad. Deja que tus sueños sean más grandes que tus miedos… Pero un día despertarás y descubrirás que no tienes más tiempo para hacer lo que soñabas.
El momento es ahora. Sueña y actúa. Como dijo Martin Luther King: “Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera necesidad de soñarlas”. Es feliz el que soñando, muere, pero mayor desgracia es morir sin soñar.
Confiad en los sueños porque en ellos se esconde la puerta de la eternidad. Pero tened en cuenta una cosa: “Nunca abandonéis un sueño sin darle la oportunidad de que se haga realidad”. ¡Nunca, nunca, nunca! Salud.

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