Alicia Valiente/ @aliciavalient11

Esta “quietud” impuesta, me lleva a observar y observarme, en este espacio, en este momento, con este atrezo. Respiro mirando la domesticación de mi mente. Resultado de una selección de adaptación patrocinado y dirigido por la tradición y la costumbre. Donde la secuenciación de mi ADN sale “beneficiada” si soy dócil y productiva, como una loba convertida en perra. Sólo así soy apta para convivir dentro de la cerca.

Una es salvaje, la otra, mansa y bonachona. Y sé cuál de las dos ha perdido su instinto.

A veces me cuesta pensar en otro mundo. Mis neuronas están pre-programadas para contestar e interactuar con la vida como lo han hecho mis padres o mis abuelos, aunque las circunstancias sean diferentes, aunque ya hayamos perdido la ingenuidad con el dinero y los gobiernos, y distingamos entre el hambre y la gula. La bandera que heredé de mis ancestros “más vale pájaro en mano que ciento volando” me llevó a la codicia de lo material antes que a la conquista de mis sueños. Aunque mi loba me asegura que eso es sólo “pan para hoy y hambre para mañana”. Observando como este sistema ferra los posibles, los moldea y condiciona, nos agrieta las emociones y nos subyuga a normalizar la ansiedad, me topé con un artículo sobre el “Realismo capitalista” y “La lenta cancelación del futuro” , de Germán Cano, en relación al concepto acuñado por Mark Fisher.

¿Qué dibuja y no permite ese “realismo capitalista”?

¿Somos capaces de imaginar-nos un mundo diferente al actual o nuestras conexiones orgánicas están tan programadas que nos es imposible?

Pensar más allá del software cotidiano resulta utópico, y no se lleva, menos en medio de esta “normalidad-vida-covid”. Como dice Santiago Alba Rico tienen más prestigio los sombríos. Solo hay que ver la cantidad de cinismo que predomina en cada propuesta de futuro que se salga de lo conocido, del capitalismo, y eso que tan solo llevamos un suspiro diciendo, sintiendo y haciendo en este sistema, frente a los miles de años que hemos evolucionado interactuando de otra manera.

Parece que los cínicos se han apoderado del mundo y nos brindan la posibilidad de canalizar nuestros sueños a través de las redes sociales, donde los me gusta y el compartir es toda la función que nuestra conciencia necesita para aportar algo a nuestra creación de futuro.

Aunque ya sabemos que somos lo que hacemos, no lo que decimos que haremos, como decía C.G. Jung, seguimos cada año con propósitos que se mueren entre las series y los tiempos y la urgencia por escapar de un ahora apocalíptico del que solo la queja parece hacerse cargo.

¿Os habéis planteado qué podría pasar si en vez de un pensamiento contra lo que ocurre, tuviéramos un pro-pósito como acción?

Ante nosotros se podrían abrir posibilidades en vez de prejuicios, soluciones en vez de apatía, grupo en vez de individuo. Aquí está de nuevo la utópica, o la loba, ya no las distingo.

¿Qué vértigo acometemos a la comodidad para no salir del bucle del hastío? A veces creo que el ejercicio está en ir conquistando con paciencia neurona a neurona. Desbravarlas de la viscosidad del cinismo y la imposibilidad. ¿Si “los imposibles” es una ficción dibujada por el sistema, cual podría ser la otra realidad?

La loba lo sabe, lo siente, me lo transmite en acidez y me exige naturaleza, pero todavía me cuesta. Sé que he perdido sensibilidad y agudeza de supervivencia y que el ego se ha apoderado del instinto, lo conocido sobre lo desconocido, lo material frente al sueño. Pero como dice Germán Cano en su artículo “si es más fácil imaginar escenas apocalípticas para la Tierra que la transformación política más modesta del capitalismo, esto debe decir algo profundo de las proyecciones de nuestra sociedad

Así que ahí estoy, dejando que el instinto me lleve a la utopía y la loba se desprenda de las comodidades de la perra.

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