Este próximo mes de marzo se cumplirá el noveno aniversario del fallecimiento de mi hermano Salva. 
El puto cáncer se lo llevó antes de cumplir los 40. Febrero fue un mes complicado. Él no quiso luchar. Nosotros, la familia, aceptamos su decisión. Esto lo escribí una de las muchas noches que estuve acompañándolo en el hospital…
Hoy es uno de esos días que tienes tantas preguntas sin respuestas, tantas ganas de gritar sin emitir sonido alguno, de querer hacerte sangrar los dedos machacando las teclas de este diminuto portátil pero apenas golpeas el teclado, es más, es como si acariciaras las letras. 
Sí, hoy es uno de esos días en los que la tristeza invade cada rincón de mi cuerpo, aunque mi mente trate de engañarme y sea capaz de esbozar alguna leve sonrisa. Sí, definitivamente hoy es uno de esos días.
Hoy es uno de esos días en los que miras a tu alrededor, ojeas un periódico, ves la televisión o escuchas la radio y palpas el estado de este planeta que envejece a pasos agigantados. Y te vuelves a preguntar ¿por qué? Con todo lo que está cayendo, ¿por qué? 
Definitivamente hoy es uno de esos días en los que perfectamente escuchas en tu corazón la sístole y la diástole, escribo y no sé de que, trato de dormir y mi cabeza no para de hacer preguntas que sí tienen respuesta, pero tratas de olvidar, de omitir, de borrar. Mi hermano ha colgado una célebre frase de Gandhi en la que reza: “La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía”. Que gran verdad, pero hoy no comulgo con el abogado, pensador y político indio. 
Y es porque no siento felicidad dentro de mí, por lo menos hoy.No sé si habrá sido el frío, las pocas horas de sueño o un par de llamadas telefónicas. Yo sí lo sé, pero prefiero ocultarlo, esconderlo, disimularlo, por que la vida sigue y por muy injusta que sea no cabe otra que remar con más fuerza, todos en la misma dirección para que ese barco medio escollado llegue pronto a buen puerto y sea reparado para volver a surcar los mares cual galeón capitaneado por ti, y con una tripulación que nunca se rebelará por que siempre la tendrás ahí, unos izando velas, otro llevando el timón, alguno con el cuaderno de bitácora… 
Pero, y vuelvo a repetir hasta la saciedad, que hoy no es mi día y mi cabeza sigue repleta de preguntas sin respuesta. Sin respuesta. Sin respuesta….

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