Alicante termina 2020 con 730.300 personas ocupadas menos, lo que supone una disminución respecto al trimestre anterior de 3.600 personas y una pérdida de 57.300 personas ocupadas respecto al año anterior. Un mal dato que se explica, como es obvio, por el impacto de la pandemia y las medidas tomadas para combatirla, aunque no sólo por eso. Tras los efectos, ya superados, de la sustitución de empleo de calidad por empleo precario que impuso la reforma laboral del 2012, la realidad productiva se impuso y la desaceleración mostró en los últimos cuartos trimestres descensos significativos de la ocupación, lo que muestra que la estacionalidad de la campaña de verano (que, en buena parte se recoge en el tercer trimestre) es predominante sobre la de navidad (que se refleja en este cuarto trimestre).

En el cómputo anual de la ocupación, el dato está influido por la pandemia y el forzado parón productivo consecuente. La pérdida de 57.300 ocupaciones es un muy mal dato cuando la tendencia anual era a la lenta recuperación de empleo. Por sectores la industria lidera la caída de la ocupación (-23.300) seguida de servicios (-21.900) y de la agricultura (-16.200), datos preocupantes por la afectación en la productividad. La ocupación interanual cae más en hombres que en mujeres por el liderazgo del sector industrial en la pérdida de empleo que es un sector masculinizado.

Los planes de recuperación de la actividad que se deben estar poniendo en marcha con la financiación europea deben ser una herramienta que, más allá de esta situación ligada a la pandemia y que cuando esta retroceda se pueda recuperar en todo o en casi todo, se plantee un sistema productivo más estable y sostenible.

La evolución del paro registra un aumento relacionado con la reducción de la actividad por la pandemia. Alicante termina 2020 con 29.400 personas más en paro, un dato que sería mucho peor de no haberse desplegado las medidas de protección desarrolladas por el gobierno con el acuerdo de los agentes sociales. Aún así, esta caída del empleo muestra, consecuencia de las sucesivas reformas laborales, un mercado laboral débil, basado en la precariedad y la temporalidad lo que ha favorecido que algunas empresas, en lugar de ir a ERTE hayan optado por la finalización de contratos y la no renovación. Una mala práctica que ha contribuido a aumentar la pobreza que, como INTERMON publicó hace unos días está disparada en nuestro país.

Es fundamental seguir reforzando la protección social y el empleo de calidad. Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, hemos convocado para el día 11 de febrero una jornada de movilización para explicar que el gobierno debe resistir las embestidas de una patronal que sólo mira por su intereses y fortalecer los instrumentos que, en realidad, están en la base de la recuperación económica: Aumentar el SMI influye directamente en el aumento de la actividad productiva y, por lo tanto, en el empleo; eliminar las reformas laborales supondrá acabar con una herramienta que lo único que ha conseguido ha sido disparar la precariedad y que, desde hace años, no tiene más consecuencias que seguir facilitando el despido casi gratis, la desregulación de la subcontratación y la transferencia de capital laboral a beneficio empresarial y, por último, suprimir la reforma de las pensiones de 2013 para alejar la pobreza de nuestros pensionistas y proteger el sistema público de pensiones.

Como sindicato seguimos insistiendo en la necesidad prioritaria de cumplir a rajatabla las recomendaciones sanitarias que marcan los gobiernos para superar esta pandemia. Nos va la vida.

José María Ruiz Olmos / @ccooam

Secretaría Empleo CCOO l’Alacantí-les Marines

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