ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

El título como tal no dice nada. De hecho, llegó a casa por casualidad.

Dando un paseo por Amazon Prime Vídeo decidimos pararnos a ver el primer capítulo de la serie Caronte. En ella, un abogado que fue policía e injustamente condenado a prisión durante diez años, hace frente a todo tipo de casos penalistas. Como letrado empieza a tener cierta fama pero por el contrario, su vida privada es un absoluto cáos; todo le sale mal. O peor.

LA AFICIÓN HERCULANA.

En una temporada como la actual en la que no hay margen de error pero que tiene un premio extra como es el poder disputar la Primera División RFEF (segunda B pro) en caso de no acceder al principal (y obligatorio para un club como el Hércules) que es el ascenso, todo parecía que iba a ser más tranquilo.

La llegada de Del Pozo y la “marcha” de Portillo al Rayo Vallecano parecía propiciar un escenario ideal para que el club retomase cierta profesionalidad y poder afrontar los objetivos con trabajo, esfuerzo y algo de suerte, que siempre se necesita.

Pero muy ilusa debió ser esa parte de la afición que pensaba que así sería.

Igual que Caronte, los sucesos iban llenando de dudas todo lo que parecía destinado al éxito. La marcha-despido-ovayaustedasaberqué del responsable de prensa, Andrés Estañ, fue el primer aviso de que aquí, profesionalizar, poco. Lo siguiente, algo que no llega nunca: el campo de entrenamiento de Fontcalent. Y siguió el mal juego del equipo, con jugadores que no aparecen y un entrenador cuyo mérito ha quedado en estar a diez puntos del líder del subgrupo 3b de la tercera división nacional (la Segunda B).

La afición herculana cada vez me recuerda más a ese Caronte. Ese personaje que es una grandísima persona, que se merece lo mejor, pero al que la vida se empeña en abofetear periódicamente, capítulo a capítulo, creando una sensación de lástima y ternura hacia él.

NI DEL POZO, NI PORTILLO.

Parece que hay unanimidad entre los medios que siguen la actualidad herculana: Carmelo del Pozo hace “una apuesta valiente y arriesgada“. Y, sinceramente, esa frase es tan óbvia y real como afirmar que uno más uno suman dos. Ni una crítica, ni un pero a ella.

Ahora, con el nombramiento de Esteve como nuevo entrenador de la primera plantilla, todo se juega a un cara o cruz. Se fía toda la suerte a una persona que jamás entrenó en Segunda B. Y se recurre al tópico de “conoce la plantilla mejor que nadie que pueda venir de fuera“. Y es cierto. Pero les confieso que, si bien no das oportunidades a alguien para que demuestre su valía jamás podrá demostrar si estaba llamado a triunfar, también les digo que si mi hija fuese amante de las matemáticas y viésemos en casa que tiene potencial siendo adolescente, llamaría al Leonhar Euler que estuviese al alcance de mi economía antes que darle matemáticas yo, que soy quien mejor conozco a mi hija. Vamos, ya les aseguro que la conozco mejor que nadie de fuera.

Por otro lado están los defensores de Portillo, que parecen desear que del Pozo “se la pegue” para afirmar una teoría menos válida que un fiscal corrupto: “no era tan malo Portillo cuando Carmelo no ha sabido hacerlo bien“. Pues ni una cosa, ni la otra.

SIGO CON LAS SERIES.

Sí, hemos finalizado en casa la primera temporada de Caronte. Y estamos ávidos de saber si se grabará una segunda y que si se hace, sea pronto. Mientras, la afición herculana, Caronte por naturaleza, quizá deba preguntarse (más aún) por qué siempre pasa lo mismo en lo extradeportivo y casi siempre en lo deportivo.

Ahora estamos mi compañera de fatigas y yo enganchados a otra serie: “Bajo sospecha“. Les recomiendo que la vean. Y no, no habla de construir un estadio nuevo, ni de remodelar el Rico Pérez, ni de un ascenso en Irún, ni investiga dónde fue a parar un dinero del IVF.

Véanla si tienen oportunidad. Eso sí, les advierto que no es tan divertida como podría ser una comedia donde un afamado empresario apareciese en triquini en una fiesta sin igual, se declarase culpable en un juicio y luego quisiese desdecirse de esa declaración…

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