El CD Alcoyano daba la campanada al eliminar de la Copa del Rey al Real Madrid de Zidane. Si este servidor, algo merengón, se alegra del logro alcoyano es por que es de alabar cuando un pequeño puede con un poderoso. Pero si en realidad me alegro es por el eterno número 7 del cuadro blanquiazul: Juli. 

Aún recuerdo cuando un joven chaval llamado Juli aparcaba su coche en el parking del campo del Alicante CF. Era tímido. Fue en el año 2001. Su vehículo llevaba una pegatina de la desaparecida discoteca “Albades” de Muro de Alcoy. 

Pepe Bordalás, actual técnico del Getafe se fijó en este chaval de apenas 20 años (nació en 1981) para jugar en Segunda B. Julián Cerdá Vicente estuvo dos temporadas en el cuadro celeste donde dejó huella. A pesar de su bisoñez, brillaba sobre el césped y tenía la cabeza muy bien amueblada. 

Salió de la capital de la Costa Blanca dirección a Castellón y ahí creció futbolisticamente. Poco a poco fue escalando peldaños. Recaló en clubes como Benidorm, Poli Ejido, Elche, en Segunda División, y de ahí al Rayo, donde logró el ascenso a Primera División. 

Tras probar en Grecia regresa a España para enrolarse en el Alcorcón, donde volvió a encontrarse con Bordalás, y de ahí al Deportivo Alavés. También militó en el Córdoba y en el Hércules, para regresar hace unos años a “su Alcoyano”. 

Con 39 años vivió un sueño. Jugar contra el Real Madrid en el estadio que pisó de chavalín. Lo hizo en la Copa del Rey, y fue uno de los héroes que pusieron de patitas en la calle al actual campeón de Liga. 

He tenido la ocasión de seguir su trayectoria, y he de decir que si como futbolista es un auténtico crack, como persona lo supera. ¡Enhorabuena Juli. Te lo merecías! Salud. 

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