La vida es muy traicionera y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad. Yo lo hago escribiendo, y todo sea dicho, me funciona a las mil maravillas.

Poco a poco te vas acostumbrando a esto y hasta la fecha he ido aprendiendo. Lo maravilloso de aprender algo es que nadie puede arrebatártelo, y tengo claro que aquí uno viene a aprender. A aprender de los errores del pasado, a emplear el tiempo, en hacer amigos…

Hay una gran teoría sobre la amistad: siempre hay que saber que se puede esperar de cada amigo, y la verdad es que con el paso de los días te das cuenta de en quien puedes confiar y quien te “apuñala” a la más mínima por la espalda.

Y es que la amistad no puede adentrarse en caminos peligrosos. Cuando ésta se disfraza de intimidad pierde su valor y acaba perdiéndolo todo. Pero todo el mundo comete errores aunque, los que utilizan la amistad para hacer el mal lo comete cuando nadie les ve, pero al final la verdad prevalece sobre la mentira.

En algunas ocasiones a la hora de entablar una cierta amistad, la suerte también influye. Pero lo tengo claro: la suerte sólo favorece al que tenga una mente preparada, y, es más, el talento no es un don especial ni celestial, sino el fruto del desarrollo de unos cualidades especiales.

Pero al fin y al cabo uno aprende de sus errores, porque el amor es como el buen vino; a unos reconforta y a otros destroza. No obstante sigo aprendiendo día a día. Aprendo sobre la amistad, sobre la convivencia, sobre si existe Dios, porque si éste existe, estoy seguro que no le molestará mi duda, porque a base de dudar también se aprende. Salud.

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