ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

Vaya por delante que no me considero una persona excesivamente optimista. Y si bien es cierto que el no ver la vida de color rosa no debe significar ser pesimista, también lo es que puede desviarte de aquello que los gurús de la información llaman imparcialidad; maravillosa palabra que usan la mayoría, pero que la mayoría no ejerce.

PARTIDO NORMAL.

El partido del Hércules de ayer en Ibiza fue un partido normal. Es cierto que para ser Segunda B podríamos decir que como encuentro fue de lo mejorcito que se puede ver. Pero como fútbol, lo que se dice fútbol, de lo más normalito que puede encontrarse. Vimos un Ibiza que sabe a lo que juega y un Hércules que sabe a lo que defiende. Ocasiones para ambos conjuntos pero el equipo local pisando mucho más el terreno herculano. Y es ahí donde llegan mis dudas: ¿puede el Hércules, con todos los respetos para el conjunto balear, conformarse con un empate, y así acabar perdiendo?

CLUB MEDIOCRE, RESULTADOS ACORDES.

En lo que ha convertido Enrique Ortiz y sus amigos al Hércules es algo que ya no discute ni el mayor lamebotas que puede tener al lado: un club mediocre, deudor, moroso y altanero con sus abonados y aficionados en general. Y cuando un club se convierte en todo eso, la imagen queda reflejada en el campo donde se libran las batallas de verdad: el terreno de juego.

Desde que se volvió a descender a los infiernos, las excusas, partido tras partido, clasificación tras clasificación, temporada tras temporada, siempre son las mismas: “la segunda B es un pozo“; “no hay equipo pequeño“; “aquí si no espabilas te pintan la cara”…pero lo que más me preocupa ahora es que se han ampliado y, hasta parte de la afición las hace suyas, y así podemos leer: “hemos competido hasta el final“; “tuvimos tres buenas ocasiones“; “hemos jugado mejor que en toda la temporada“….

EL PASADO Y EL PRESENTE.

Los más veteranos del lugar cuentan que el Hércules C.F., y no el Hércules de Alicante C.F., tuvo un entrenador que le dio la época de mayor gloria: don Arsenio Iglesias. En aquellos años, el equipo, insisto que así lo cuentan, no hacía un fútbol nada brillante pero estaba en Primera y coqueteando con los puestos que daban derecho a jugar en Europa. Al zorro de Arteixo se le gritó, se le censuró y fue cesado…porque la afición no gustaba de lo que veía en el campo.

Hace no tantos años hubo dos casos similares en los que esta sufrida afición herculana también fue muy crítica: con Andoni Goikoetxea y con Pepe Bordalás. En las dos etapas, tanto la del vasco como la del alicantino, el conjunto blanquiazul estaba en fútbol profesional y la afición mostró el dedo pulgar hacia abajo.

Pero ahora parecemos asistir a una nueva sesión de autocomplacencia; una nueva etapa de Síndrome de Estocolmo, y así, con la derrota de ayer, y encontrándose el equipo a ¡siete puntos! del Ibiza cuando se han disputado dieciocho tenemos que asistir a lo anteriormente dicho: “hemos perdido en casa del líder“.

EL LÍDER.

Cuando servidor era pequeño y se jugaba en casa del líder de Primera soñabas con hacer un milagro: vencer en el Bernabeu o Nou Camp no era para nada normal. Si se jugaba en el estadio del líder de Segunda, fuese el Molinón o en el insular de Las Palmas, y se perdía, el enfado era notable pues el club era puntero y la afición era crítica y quería lo mejor para “su equipo”.

Ahora, cuando las canas cubren de blanco mi barba y la calva es una prolongación de mi frente, tengo que mostrarme más que sorprendido al ver que nos conformamos con hacer un buen partido en casa del líder; un líder del grupo tercero de Segunda División B; un líder (para más INRI) de Segunda División B, grupo tercero, subgrupo B; un líder de la Tercera Categoría del fútbol español, fútbol no profesional, de los diez que hay. Y nos tenemos que conformar con hacer un papel aceptable contra uno de los diez equipos que van en primera posición en sus respectivos subgrupos.

Para hacérselo mirar; para eso hemos quedado: para conformarnos con ser los undécimos de la Tercera Categoría Nacional. Si don José Rico Pérez levantase la cabeza y viese en lo que nos hemos convertido como afición no podría creerse lo que se le decía en su día a don Arsenio Iglesias.

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