…”YO NO QUIERO 14 DE FEBRERO, NI CUMPLEAÑOS FELIZ”

Este pasado domingo, un servidor cumplió 51 años. 51 años cosidos a retazos de urgencias, disimulos y rutinas.

51 años donde han sucedido cosas buenas, menos buenas y otras atroces. He tenido la suerte de tener detrás, empujándome,a mi familia, y a pesar de los pesares, con grandes ausencias físicas aunque no mentales y que sé que me ayudan desde donde estén, lidiando con problemas del día a día y estirando un euro para poder llegar a final de mes, uno sigue al pie del cañón y descubriendo nuevos retos literarios “paridos” de una hoja encinta de mi block trotamundos que nunca muere y se renueva cada día.

Ahora que tengo un alma que no tenía. Ahora que suenan palmas por alegrías. Ahora que está tan sola la soledad. Ahora que todos los cuentos, parecen el cuento de nunca empezar, puedo compartir con ustedes estos 51 años que acaban de invadirme. Pero puedo decir, a pesar de los pesares, que estoy en el mejor momento de mi vida. 

Ahora que no te escribo cuando me voy. Ahora que estoy más vivo de lo que estoy. Ahora que nada es urgente, que todo es presente, que hay pan para hoy. Ahora me levanto cada día dando gracias por poderme levantar.

Ya no persigo a la muerte como lo hacía hace unos doce o trece años. Ya no me emborracho de malas influencias, ni maquillo una verdad escondida detrás de una mentira, ni me disfrazo de Mr. Hyde ya que estoy orgulloso de ser Jekyll por mucho tiempo.

“Si algunas veces notas que te miro a los ojos, y una veta de amor ves fluir de los míos, no pienses que deliro, piensa simplemente que puedes contar conmigo”. Nunca unas palabras labradas desde el fondo de un corazón tan poeta como el de Mario Benedetti habían hecho mella en una persona que busca a base de tesón una respuesta a tantas preguntas sin respuesta que inundan su interior.

Palabras forjadas a base de pluma antigua, con tinta color azul turquesa, y con un mensaje que llena el alma de los corazones errantes.

Palabras para la reflexión, para refrescar una memoria deteriorada por el paso de los años y manchada por los excesos de la vida; esos excesos que tanto daño me han causado y que tanto bien me han traído cuando el tren sin retorno en el que estaba subido encontró por fin la estación en la que volví a poner los pies en el suelo.

Como escupía la pluma de Benedetti, mirar a una persona a los ojos es sinónimo de seguridad; algo de lo que carecía hace unos años. Ahora voy con la cabeza bien alta, y con la intención de hacer llegar a esa persona amada, a sus hijas, sus padres, mis padres, mi hijo, mis hermanos, mis cuñados, mis sobrinos… ese mensaje de paz interior. 

Y ese delirio que tanto me confundía se convierte en un hechizo que brota desde lo más hondo de mi alma y con un destino fijo, carente de engaños y sentimientos irracionales; buscando sólo y únicamente esa mano tendida que antes ocultaba la nebulosa tóxica y que ahora llega iluminada por todos los colores del arco iris. Son 51 años y serán, si yo quiero y si el de arriba me echa una mano, muchos más.

51 años. Tan joven y tan viejo. 51 años. Todavía me emborracho, también cada noche me invento. 51 años y que serán, si ustedes lo desean, muchos más. 

Superviviente sí maldita sea, nunca me cansaré de celebrarlo. Antes de que destruya la marea, las huellas de mis lágrimas de mármol. Si me tocó bailar con la más fea, viví para contarlo… Salud.Zona de los archivos adjuntos

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