Las cosas sencillas son un gusto.

A veces da la impresión de que dondequiera que miremos, estamos rodeados de preocupaciones, problemas y conflictos. 
En estos tiempos en que está tan en el candelero la memoria histórica, la película de Amenabar, la situación en Sudamérica…, pienso y me digo:
Durante la Segunda Guerra Mundial se repartieron cartillas de racionamiento para asegurar que la comida se distribuyese equitativamente. 
Cuando te habías acabado tu asignación semanal de determinado producto, tenías que esperar a la semana siguiente para conseguir más. Al menos en teoría, el dinero no importaba nada. Todo el mundo tenía derecho a la misma cantidad de comida. 
Este concepto sigue afectándonos hoy en día, mucho tiempo después del final del racionamiento. Tendemos a pensar que hay un suministro limitado de las cosas que nos gustan. 
Aprovecha mejor cada día: las cosas más importantes de la vida no pueden comprarse con dinero, por ese motivo, tomate el tiempo necesario para acompañar a tus hijos, visitar a tus padres o tener una charla íntima y divertida con tus amigos. Esas experiencias te permitirán recuperar la energía gastada en el stress que te imprime el trabajo, el “puto coronavirus” y las obligaciones cotidianas.
Las cosas sencillas de la vida son como esas estrellas que relucen en las noches despejadas. Siempre están ahí, rodeándonos, ofreciéndonos su magia sutil; sin embargo, no todos los días nos detenemos a mirarlas ni recordamos que existen.

Hoy tienes derecho a darte un gustazo. Porque las cosas sencillas, son un gusto, a pesar de la Covid 19. Salud. 

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