PREOCUPACIÓN POR LA OKUPACIÓN.

Parece que por fin algún medio de comunicación comienza, aunque sea tímidamente, a centrar el distingo entre la usurpación (okupación) y el allanamiento de morada.

Para los y las no iniciadas decir que son dos figuras jurídicas distintas. Es decir, una cosa es tener una vivienda o local y realizar un uso “normal” como vivir o pasar alguna temporada (fin de semana, vacaciones, etc..) y otra, es tener la propiedad de algún inmueble (vivienda, local, solar…) sin dotarle de uso, ni como vivienda, ni como segunda o tercera residencia, o ni siquiera darle arriendo.

Serán minoría seguro, quienes viniendo de la capas populares, puedan disfrutar de ese patrimonio ampliado. ¡Ya nos cuesta bastante mantener un inmueble para vivir!

Aún así, hay trabajadoras y trabajadores, que con mayor fortuna, tienen una segunda residencia donde pasar sus vacaciones porque han guardado para adquirirla o la han heredado. También es posible que hayan podido comprarla para rentabilizar sus ahorros y ponerlas en el mercado del alquiler y obtener así una renta complementaria a su salario.

Estas personas aunque privilegiadas, tienen un patrimonio adquirido, no lo dudo, con esfuerzo. En los últimos tiempos viven atemorizadas por si algún okupa se mete en su casa o en su otra casa y tiene que irse a vivir bajo un puente o con algún familiar, o se queda sin disfrutar de su apartamento en la playa o en el campo, puesto que “la ley permite y potencia estas mafias y permiten que cualquiera se instale donde quiera y nos despoje de nuestros domicilios.

Esta es una idea extendida entre una mayoría de la población, incluso entre aquellas personas que tienen las rentas más bajas y que apenas pueden pagar una letra hipotecaria o alquiler para mantener su vivienda, ya que se ha difundido maliciosamente, la creencia de que cualquiera puede verse despojado de su morada por el simple hecho de irse a hacer la compra a la esquina de abajo.

La realidad es otra bien distinta. En estos casos, que como decía antes, no solo incluyen la vivienda habitual, sino las segundas o terceras residencias, el Código Penal, sanciona con duras penas de prisión de 6 meses a 2 años a quien “entrare en morada ajena o se mantuviere en la misma contra la voluntad de su morador”, y además la policía puede actuar de forma inmediata y desalojar y detener a los delincuentes.

Aclarado esto, entraré a abordar la cuestión que a quién o a quiénes benefician esta desinformación provocada.

Estaríamos ante la difusión de una “fascist news”, más que de una “fake news”, por hacer un juego de palabras y situar que detrás de todo esto hay un claro componente de clase y un ataque contra las capas más humildes y pobres de la sociedad, con verdaderos tientes racistas, xenófobos o simplemente aporofóbicos.

La manipulación burda de la realidad es algo que se viene realizando a lo largo de la historia por parte de quienes ostentan el poder. En este caso, pocos dudan en la actual fase de desarrollo del capitalismo, del poder económico y político de los monopolios y de su constante lucha por mantener e incrementar sus tasas de beneficios a costa de cualquier precio, incluyendo la violencia para someter pueblos enteros al hambre o a la guerra.

Muchas veces para poder actuar en pro de sus intereses, necesitan legitimarse ante la opinión pública y no levantar un malestar de clase que pueda hacerles frente. Ejemplos tenemos muchos, baste recordar las armas de destrucción masiva de Irak o la exposición pública de los horrendos crímenes que allanaron el camino a la cadena perpetua revisable.

En el caso que nos “Okupa”, hay una clara campaña para que la opinión pública se posicione a favor de implementar medidas coercitivas que acaben con esa “lacra social”. Sin esa intervención manipuladora de las masas es difícil sostener con apoyo popular, una legislación que anteponga la especulación de las entidades financieras, al derecho a la vivienda.

La crisis de 2008, burbuja inmobiliaria al frente, desató un sin fin de desalojos. Familias enteras, incluyendo menores o ancianos dependientes, tuvieron que tomar forzosamente las de Villadiego, abandonado sus hogares y los dineros que adelantaron para comprarlos.

De esa crisis de la que aún no salimos del todo, nos guiaron los 15M, los Stop desahucios y algún que otro movimiento social transmutado en partido político. Y fue mediante esta válvula de escape social que prometió políticas “buen rollistas” y sociales, como nos encaminaron a una paz social que solo benefició con posterioridad a los monopolios.

De aquellos polvos vienen estos lodos. Ahora, con un gobierno socialdemócrata al frente del ejecutivo, parece que la apuesta de la salida de “consenso” a la crisis capitalista se ha agotado. Las y los trabajadores ya no confían en quienes se pusieron en la vanguardia de las reivindicaciones sociales mediante la política de la retórica o simplemente del embuste y el engaño.


Los gobierno, comunidades autónomas y ayuntamientos del cambio, nunca cambiaron nada.

Ahora, la salida a la nueva crisis se juega con otra baraja. Con la marcada por la irreductible confrontación de clase y el ejercicio de la represión institucional que encumbra a la extrema derecha y sus adláteres como medida para garantizar los derechos de la oligarquía y el mantenimiento de sus intereses de clase. ¡Estos sí que tienen conciencia de la misma y capacidad de unión!

Si ponemos en una balanza el número de desahucios vs. los delitos cometidos por usurpación o allanamiento de morada, nos daremos cuenta irremediablemente, que el principal problema que nos debiera preocupar no es el de la defensa de la propiedad de unas entidades financieras que acaparan inmuebles en una despreciable carrera especuladora, sino, la falta de vivienda para el pueblo trabajador y en especial para su juventud.

Sin embargo, nuestro enemigo de clase ha conseguido que clamemos contra la okupación y velemos por intereses que nos son ajenos, veamos con buenos ojos empresas “paramilitares” que se ofrecen para coaccionar y desalojar a los ocupantes y que abandonemos toda posición reivindicativa en los barrios.

Debemos recuperar el espíritu movilizador y exigir a los políticos que nos doten de infraestructuras, servicios y políticas sociales que ayuden a resolver los problemas de quienes vivimos en los barrios obreros y no a los especuladores que viven al margen, en burbujas de cristal y que solo se acuerdan de nuestras casas para exigirnos la renta debida y que como en el juego del Monopoli, nos cobran por caer en sus calles y propiedades.

Kike Parra/ @pcpe_alacant

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