La maldición de apagar las luces.

Alicante, y más en concreto el sector de la cultura se echó a la calle para hacer llegar a quién sea que este arte está agonizando. ¡Maldita pandemia! Me gustaría mostrar mi total apoyo a técnicos de sonido, de luz, montadores de escenarios, orquestas, cantantes, músicos, propietarios de locales de música en vivo y a todos aquellos y aquellas que sobreviven, o mejor dicho, “sobremueren” por falta de trabajo.
Y que mejor que esta belleza de comentario del escritor Roy Galán. ¡Por vosotros. Por vosotras. Por la cultura!
Rara vez se habla de cultura en este país. Siempre hay cosas mucho más importantes. Y cuando se hace es para echarle la culpa de todo y para cancelarla.
Usar los espacios en los que se produce cultura para hacer ver que se están tomando medidas frente a una pandemia cuando es en esos espacios en los que más medidas sanitarias se toman y obviar que en trenes, metros y aviones vamos codo con codo, es usar (de nuevo) a la cultura como blanco de las dianas de un mal menor. 
Total, es “solo” teatro. 
Total, es “solo” danza. 
Total, es “solo” música. 
Total, son “solo” películas. 
Total, es “solo” cultura.
Este trato al sector cultural no es algo que debería indignar en exclusiva a las personas que se dedican a la cultura porque da la sensación de que la cultura solo preocupa a las personas profesionales que parece que están reclamando siempre un trato digno y justo y la respuesta es tú no tienes derecho a quejarte porque te gusta lo que haces.
Este trato debería ofender también a todos y todas porque la cultura es algo esencial.
No es algo accesorio, secundario o prescindible. No ocupa ese lugar debajo del montón de lugares a los que se llega cuando uno se aburre y no queda más remedio, no es puro ocio y entretenimiento. 
La cultura es algo inmanente a los seres humanos.
Sin ella nuestras mentes están confinadas, somos islas que pertenecen a un mismo mar sin darse cuenta de que formamos parte de una misma península, cuerpos valla y pozos, somos trozos de algo que escupe el firmamento. 
La cultura es la única posibilidad que tiene la humanidad de entenderse, de juntarse, de hacer algo común a la misma vez, de sentir algo similiar y compartirlo y comprobar que no estamos tan solos.
La cultura es un anclaje, es una pregunta colectiva sin respuesta, es la manera que tenemos las personas de construir terremotos.
Un país que considera que la cultura es un lastre es un país mezquino.
Un país condenado a hablar de libertades individuales, de oferta y de demanda, sin preocuparse por dónde colocamos nuestra alma.
La cultura es necesaria, la cultura es segura, la cultura nos enseña a vivir y por tanto a morir.
Pero estamos omitiendo el deber de socorro.
Ver agonizar a la cultura es romper el espejo que refleja nuestro futuro.
Es una maldición que consiste en apagar las luces, cuando todavía teníamos algo que contarnos. 

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