El Ayuntamiento de Alicante prohíbe los patinetes eléctricos.

DAVID RUBIO DE ANTÓN/ @David_Rubio7

Sobre el papel, el titular que he puesto en este artículo no es verídico. Ningún ayuntamiento puede prohibir el uso de patinetes eléctricos en su ciudad, son vehículos amparados por la ley. Ahora bien, lo que ha hecho el Ayuntamiento de Alicante es ponernos tantas limitaciones a los conductores de patinetes que, en la práctica, resulta una prohibición encubierta. ¿Suena exagerado? Pues vamos a explicarlo.

¿En qué consiste esta prohibición?

A partir del 4 de octubre solo podremos circular por las calles estrechitas que tienen un solo sentido y carril de tráfico. Ni en la peatonales, ni en las de doble carril, ni en las avenidas de doble sentido, ni en los parques, ni en las aceras…

Las únicas excepciones son las avenidas o parques donde hay carriles-bici, que todos sabemos que en Alicante son cuatro contadas. Y no por todos, pues también tenemos vetadas las aceras-bici (es decir, los carriles-bici que van por en encima de las aceras como en la Avenida Doctor Rico, Lorenzo Carbonell, la Gran Vía, etc).

Por lo pronto yo no puedo ni siquiera salir de mi casa en patinete, pues resido en una “calle prohibida” (la avenida Julián Besteiro, en Babel). Y si quiero conducir a cualquier sitio de Alicante, me toca hacer la mitad del recorrido a pie cargando con el patinete.

Para ilustrar mejor todo esto, me he tomado la molestia de dibujar sobre un plano de Alicante cómo serán a partir de octubre los recorridos desde mi casa hasta mis 5 destinos más frecuentes: Los cines Aana, la Escuela Oficial de Idiomas, el Estadio Rico Pérez, la casa de mi madre (en San Blas) y la casa de mi amiga Lucía (en la Albufereta). Las imágenes se adjuntan en este artículo.

Como puede comprobar el lector, en todos los casos tengo que realizar la mitad (o incluso más) del recorrido andando. Es decir, bajarme y ponerme a arrastrarlo. Evidentemente así no es funcional utilizar el patinete. En vez de llevarme a mí, tengo que llevarlo yo. En lugar de ahorrarme tiempo, me hace perderlo. No merece la pena. Para eso coges el autobús o te vas en coche.

Quizás quien viva en un barrio de calles estrechas (Benalúa, La Florida, San Gabriel…) sí pueda al menos salir de su casa. Aunque difícilmente podrá desplazarse muy lejos, pues todos los barrios están conectados por avenidas. ¿Acaso alguien se compra un patinete eléctrico para ir a la panadería? En mi caso desde luego no, yo por mi propio barrio me muevo andando y utilizo el patinete para distancias más largas.

¿Qué hay detrás de esta prohibición?

En definitiva, creo que es evidente que el Ayuntamiento de Alicante ha prohibido los patinetes eléctricos. Y ha ido a hacerlo justo ahora, precisamente cuando más desaconsejable es por motivos sanitarios que varias personas se metan juntas en un coche o autobús. Y justo cuando se ha demostrado que la contaminación de las ciudades aumenta la transmisión de la COVID entre sus habitantes.

Así que mi pregunta es… ¿por qué? ¿Qué sentido tiene esta prohibición encubierta?

Pues acepto teorías. Yo tengo dos. La primera, presiones de algún sector económico perjudicado por la moda de los patinetes eléctricos. Se me ocurren varios: Las compañías de petróleo, el taxi, la empresa de autobuses, etc. Aprovecho para recordar que esta ordenanza de prohibición fue aprobada en el pleno municipal con los votos a favor de PP, PSOE, C’s y Vox. Los concejales de Compromís se abstuvieron. Y solo los 2 concejales de Unidas Podemos (a los cuales aprovecho desde aquí para darles las gracias) votaron en contra.

Mi segunda teoría, más sencilla. El Ayuntamiento de Alicante quiere poner más multas. Aprovecho para recordar que a cualquiera que se le ocurra circular en patinete por una “calle prohibida”, a partir del 4 de octubre le pueden caer sanciones de hasta 500 euros.

Yo hace tiempo que me afeito con una navaja prestada por Guillermo de Ockham, así que mi favorita es la segunda teoría. Espero que este artículo sirva como aviso a todos los conductores alicantinos de patinetes ante el negro panorama que se nos presenta por delante.

Ni prohibición ni anarquía, simplemente regular

Por supuesto no estoy pidiendo que continuemos como hasta ahora. Es cierto que existe un vacío legal, y los conductores de patinetes podemos hacer casi lo que nos dé la gana sin consecuencias. Y desgraciadamente algunos niñatos (no solo los niños pueden ser niñatos) han aprovechado esta anarquía para hacer el loco, creándonos a todos una mala reputación entre los ciudadanos. Hasta el punto de que probablemente habrá alicantinos que puedan estar de acuerdo con esta absurda prohibición.

Yo no quiero circular a 40 km/h por las aceras. No quiero pasar al lado de niños ni ancianos a toda pastilla. Tampoco montar dos personas al mismo tiempo, ni hacer carreras por zonas residenciales. Lo único que pido es que nos dejen circular en las mismas condiciones que las bicicletas. Ni más ni menos. Con sus normas, y sus obligaciones.

Me compré el patinete justo en octubre del año pasado, 360 euros. Dentro de un mes será un objeto inservible en Alicante. Si el Ayuntamiento mantiene esta surrealista cruzada contra la movilidad sostenible, pues acabará consiguiendo que lo malvenda a alguien de otra ciudad y que me compre un coche. ¿Para qué voy a tenerlo de adorno en casa?

Pero antes me gustaría compartir una reflexión con el alcalde Luis Barcala, el concejal de tráfico José Ramón González y de paso con todos los concejales alicantinos. Vivimos tiempos de una cruenta epidemia, que no deja de ser una microburbuja de otro problema mundial aún mayor que no se acabará con una vacuna: El cambio climático. Si nos dedicamos a prohibir aquellas alternativas que reducen el riesgo de contagio y la contaminación… ¿qué dirán de nosotros las próximas generaciones?

DAVID RUBIO ANTÓN

AlicantePedia

Politólogo y Periodista por la UMH Elche y el Sciences Po Toulouse

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