Nos cobran por mear.

Cuando en España se batían records de visitas de turistas año tras año, en lugar de pensar o repensar en modelos económicos alternativos al turismo, poníamos toda la carne en el mismo asador, incluso deseando, cuando no apoyando, los males ajenos para que nuestras costas se llenasen por los problemas generados por el capitalismo en las costas africanas del Líbano, Siria, Argelia o Túnez.

En esa época, no tan lejana, solo unos meses atrás, se intentaba abrir un debate sobre las tasas al turismo, tasas muy sencillas que permitieran pagar algunos de los costes que tienen para todos los que contribuimos a que este país siga teniendo cosas públicas (sanidad, educación, transportes…).

Claro que no somos todos los que contribuimos, hay algunos que prefieren contribuir en Suiza o los Emiratos Árabes.

El debate se centraba en si una tasa iba a perjudicar el turismo al encarecerlo y hacerlo menos competitivo, o si la tasa al final la iban a pagar los mismos establecimientos hoteleros reduciendo así sus beneficios. Es decir, volvíamos a poner los beneficios empresariales por encima de los sociales. Amigo, es el mercado que diría R. Rato.

Este año 2020, donde sin duda no batiremos ningún record de turismo, lo mismo es la oportunidad para valorar una transición hacia una economía que no se base casi en exclusividad en las visitas de nuestros vecinos, porque si no vienen, como está siendo el caso, nuestro sufrimiento será mayúsculo. Decía Mario Gaviria, que, si el turismo acaba, al último turista lo encontraremos en Benidorm. Pero seguramente lo encontremos en una ciudad fantasma, como ha sido este verano la zona inglesa en dicha población.

El PCPE ha estado sólo reclamando que la pérdida de soberanía económica como consecuencia de la entrada en la Unión Europea, era y es una auténtica barbaridad. Cuando “Europa” nos daba dinero por la reconversión industrial, no era un regalo, era una inversión que hacían en ellos mismo, convirtiendo a nuestro territorio en un lugar de descanso para ellos, y quitándonos la poca industria, agricultura, ganadería y pesca que nos permitían una cierta autonomía alimentaria.

Hoy somos la huerta de Europa, pero de manera intensiva, somos la reserva de sus vacaciones baratas con todo incluido, y para poder competir tenemos que ser todavía más baratos. Era una entrada en la Unión Económica Europea, nunca fue una unión social, eso sí, nos lo vendieron bien, y los comunistas éramos los raros y antisociales.

Cuando sales de la burbuja española, se nos cae la mascarilla, o mejor dicho el antifaz, que la mascarilla hay que llevarla, aunque se sea del mismo Barrio de Salamanca. Y sin antifaz, comprobamos que en las carreteras de Alemania te cobran por ir al aseo, y no poco, 0.75 euros. Si cruzas el país, puedes ir al servicio unas 6 veces, es decir 4.5 euros por mear.

Mientras en España nos enzarzamos en debates para ver cómo conseguimos que el capitalismo sea más competitivo para los capitalistas, cuando se sabe que sólo puede ser a costa del deterioro de las condiciones de vida de las y los trabajadores, en otros países, también capitalistas pero que tienen el sentido social mucho más metido en vena que en esta tierra santa, no dudan en mantener un estado social más avanzado, a costa de pagar impuestos, que es la única manera, incluso a los que visitan de forma esporádica su país, o sus baños para ser exactos.

Y eso no hace más que recordarnos la famosa pintada Argentina que decía, “Nos están meando y dicen que llueve”.

Vicente Alcaraz/ @pcpe_alacant

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