Si la evolución del desempleo durante el mes de julio la describíamos como “la precariedad y la estacionalidad frenan al paro covid”, en agosto podemos seguir recogiendo las consecuencias de un mercado productivo “a medio gas”. El aumento del paro en 2.124 personas no deja de ser una anécdota que tiene que ver, sobre todo, con la falta de actividad económica consecuencia de las medidas sanitarias frente al coronavirus. Ese aumento del paro es el menor, al menos, desde el 2006, pero no podemos decir que sea una buena noticia, ni siquiera una noticia “menos mala” ya que la situación productiva no es comparable con años anteriores. En los últimos cinco años, la media del aumento mensual del desempleo es de 3.858 personas y el año 2019 fue el peor desde 2009. En condiciones normales la evolución del paro habría sido otra.

Sin embargo, este año la situación es excepcional. Algunos datos significativos son que este agosto la media de personas afiliadas a la seguridad social es de 22.583 menos que el agosto pasado. Además, la contratación acumulada en el periodo enero-agosto de 2020 es de 151.621 contratos menos que en el mismo periodo de 2019 (se han firmado 11.681 contratos indefinidos menos y 139.940 temporales menos en ese periodo). Hay menos personas trabajando por lo que es natural que, en este mercado detenido, estacional y precario, la caída del empleo sea menor. La menor ocupación y el “colchón” de los ERES está ofreciendo una estadística poco comparable con otros años.

Por sectores, se mantienen alguna vieja mala costumbre como estar en el grupo de cabeza estatal en la destrucción de empleo en industria (sólo por delante está Barcelona) y construcción (sólo Illes Balears destruye más empleo en este sector que nuestra provincia.

El dato, más allá de que es tan malo como lo es habitualmente en este mercado estacional y precario, nos muestra la dimensión de la reducción de la actividad productiva forzada por la llegada del coronavirus. Hay que insistir en la necesidad de seguir reforzando el sistema de protección social y en poner en marcha políticas de transformación productiva, sobre todo, en sectores estratégicos: sector servicios sostenible y desestacionalizado, fortalecimiento de una industria basada en energías renovables y con criterios sostenibles, una construcción orientada a la restauración y, también, con criterios de economía verde…

Para este cambio es fundamental pactar un presupuesto nacional orientado a la renovación del sistema productivo en el marco de los objetivos de desarrollo sostenible y con atención básica a la protección social. Como dice Unai Sordo, es más importante el “qué” que el “con quién”. Hay que superar unos presupuestos constantemente prorrogados que se hicieron en plena crisis económica y que preveían medidas de recortes sociales. Necesitamos un presupuesto abierto a la financiación que llegará de Europa y orientado a medidas positivas clave: eliminación de la reforma laboral, fortalecimiento de lo público, especialmente la sanidad, la enseñanza y los servicios sociales, la defensa del empleo digno y, por supuesto, superar los efectos en la salud y en la economía de la pandemia actual.

José María Ruiz Olmos

Sec Empleo CCOO l’Alacantí-les Marines

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