Relato erótico.

Todo mi mundo se viene abajo al escuchar esas simples palabras salir de su boca.
No puedo volver a verte. Creo observar arrepentimiento en su rostro, pero su ceño fruncido da paso a un semblante frío como hielo. Está imperturbable.Hielo. Frío como un maldito invierno en la Antártida.
Egoísta. Ha jugado conmigo como un cabrón y lo peor es, que ha salido victorioso. Me arde el estómago y el calor se desplaza por mi venas como si fuera ácido.
Nos miramos un instante. Rompo el contacto, ya que el minuto se me ha antojado incómodo y eterno.
-Me has usado y no te ha importado una mierda los sentimientos que sabías que estabas despertando en mí.- Río trémula. Un profundo dolor alimenta mis palabras y la rabia empieza a borbotar de mí como si fuese agua hirviendo.
Me llevo las manos al rostro y miro al cielo. Éste está escapotado.Aún no es denoche, pero la luz escarlata del horizonte anuncia que de un momento a otro notaremos la ausencia del sol. 
Las lágrimas me pican en los ojos, pero no le daré la satisfacción de verme llorar.
-No sabes lo que dices – tercia él. La ira en su profunda voz vibra y un escalofrío me recorre la espina dorsal. 
Se acerca a mí sutilmente. Doy un paso atrás y me abrazo a mí misma, no solo para protegerme del frío, sino para hacerlo de él. Debo de verme frágil, como una muñeca de porcelana. 
Aprieto la mandibula frustrada y cierro los puños. Mis nudillos se ven blancos a causa de la fuerza que ejerzo sobre ellos. Mis rodillas se han vuelto gelatina, pero mantego mi postura desafiante.
Me armó de un improvisado coraje, y le espeto: ¿Qué no sé lo que digo? Es evidente que sé distinguir cuáles son mis sentimientos… Cuando me besaste ayer tampoco podías verme ¿No?
Se tensa y continuo- Déjame hacerte una pregunta. ¿No puedes o no quieres?, le interrogo tratando de parecer desafiante, pero por como mi voz se rompe al formular la última frase, dudo de que me haya escuchado.
Por cómo se acerca a mí violentamente, esa duda me es corroborada. Me alza de la barbilla y me sostiene la mirada. Me observaba con incredulidad. Me percato del sutil movimiento que hace su nuez al tragar saliva.
Sus hermosos y salvajes ojos azules se encuentran con los míos. Vislumbro un brillo de deseo contenido. Me recorre el rostro de hito a hito, deteniéndose más de lo estrictamente necesario en mis labios.
Éstos se entreabren inexcusablemente. Eso provoca que se acerque más, casi disipando cualquier espacio existente entre nuestros cuerpos.
Su aliento me acaricia el rostro y todos los pelos de mi cuerpo se erizan al sentir su proximidad. -¿Qué no quiero? Si supieses lo que quiero, no estarías así.- Me susurra en la oreja. Mi respiración se acelera, al igual que mi pulso.Lleva su mano hacia mi pómulo y permito que sus dedos tracen la delicada línea de mi mandíbula.
-No me hagas daño por favor – mascullo en una suave súplica. Parpadeo para reprimir las lágrimas que afloran desde lo más profundo de mi garganta.
– No te merezco. No quiero hacerte daño y ver como te destruyo poco a poco, como te arrastro a mi particular oscuridad.
Contengo el aliento ante su confesión. Pero soy demasiado egoísta para dejarte marchar, confiesa y apoya su frente en la mía.
Me quedo sin aliento al notar el contacto, tan íntimo. Nos miramos lo que parece ser una eternidad. Lleva su boca a mi oreja y deja varios besos húmedos a través de mi mejilla. Cierro los ojos. 
Frena en la comisura derecha de mis labios. Sus manos descienden hacia la parte baja de mi espalda y las vuelve a subir poco a poco.
Se me seca la garganta. Sus manos se deslizan por mi cuello y con los pulgares me echa suavemente la cabeza hacía atrás. Se acerca a mí y puedo jurar que lo hace a cámara lenta, como en esas películas malas de Hollywood. 
No puedo evitar sentirme perpleja y confundida, hasta que siento la presión de sus labios contra los míos. Son cálidos y suaves.Tan solo ha sido un leve roce pero ha bastado para provocar un estallido dentro de mí y que un extraño hormigueo me recorra todo el cuerpo, despertándome así sensaciones olvidadas. 
Me empuja contra la pared y me besa con ansiedad, profundizando el beso. Jadeo confundida y de su garganta nace un gruñido gutural. Cierro los ojos y decido dejarme llevar. Subo las manos a su nuca y enredo mis dedos en su pelo.Sabe tan bien, como a menta y almizcle…
Me acaricia, provocándome escalofríos allí donde él me toca. El corazón me late desbocado contra la caja torácica. Estoy respirando su aliento, saboreandolo y descubriendo las profundidades de su boca sin ningún tipo de pudor.
Nuestras lenguas juguetean en un ritual de fuego. Lame y muerde mis labios. Suelta un gruñido y se separa para coger aire.
Tiemblo con la extraña necesidad de tocarle por todas partes y de que él me toque a mi. Me mira a los ojos, le sostengo la mirada lo que parecen ser horas, sus ojos brillan hambrientos, y me atrevería a decir, que con desesperación. Luego levanto la mirada y miro el techo de mi habitación. Todo ha sido un sueño, pero, a pesar de ello, lo viví como si fuera real. 

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