Cuéntame un cuento.

De la crisis del corona virus no vamos a salir igual, de eso no hay dudas. Además de las miles de personas muertas en práctica soledad, de los problemas sanitarios, de comprobar que los recortes afectan y mucho a nuestra salud, de los cierres de empresas, inaplicaciones de convenios o modificaciones de las condiciones de trabajo, algunas con argumentos, otras para mayor beneficio de las empresas, y las menos burlando la legalidad para no pagar la seguridad social y tener a los empleados en ertes y trabajando. Después de todo lo que estamos viviendo, nos seguimos tragando los cuentos, para irnos a la cama contentos.

Y cuentos los hay de todo y para todos. Desde los que siguen echando la culpa a los chinos, los que dicen que el virus se inventó en un laboratorio, los que nos dicen que el virus se irá como ha venido, o que el uso de las mascarillas es una tontería, que sólo afecta a las personas mayores y los jóvenes pueden salir y tocarse sin problema, o que los bares son sitios libres de corona virus, donde se puede estar a menos de un metro y medio, sin mascarilla y compartiendo comida. Estos y otros muchos cuentos nos dicen y debemos ser muy tontos porque vemos que la cosa sigue así en muchos países del mundo, que en esto los españoles no somos los últimos de la fila, aunque fuimos de los primeros de la clase.

Pero hay otros cuentos a los que no deberíamos echarles cuentas, y voy a exponer dos casos.

1.- La enorme crisis del capitalismo. Hasta ahora, habíamos conocido cómo el capitalismo necesita cada cierto tiempo una renovación de las fuerzas productivas, generar espacios para la reconstrucción donde la maquinaria capitalista pone todo su empeño en hacer dinero de los escombros, por eso las guerras, donde la clase obrera pone los muertos y la oligarquía se lo lleva crudo, sobre todo el crudo. En las crisis del capitalismo se destruye mano de obra con derechos para meter basura, se destruye estado social para meter libre mercado y emprendedurismo, se genera pobreza para poder explotar y tener un regimiento de mano de obra barata que además mete el miedo en el cuerpo y permite aumentar los gastos en ejércitos y policías para dar sensación de seguridad. Hoy, la crisis sanitaria se convierte en crisis social y económica, arrebatándonos derechos a las clases populares, mientras los ricos se hacen más ricos, con el apoyo de los gobiernos empezando por el de Trump pero seguido de cerca por los europeos, porque el sistema es el mismo. Sólo en los pocos países donde el poder lo tiene el pueblo en lugar de las élites la realidad es distinta, y no es que sea buena, pero es distinta. Cuba, Venezuela, Corea o China, con todos sus problemas, además de ayudar a otros países, su gestión ha estado no al servicio del dinero sino del pueblo y lo demuestran los indices de muertos en comparación con sus vecinos. En definitiva, el capitalismo mata, mata más que el covid. Y esto no es un cuento, hagan ustedes las cuentas.

2.- El tele trabajo y el funcionariado. Aclarar ante todo que soy empleado público, de esos que en momentos de vacas flacas damos envidia y en las vacas gordas damos pena. El tele trabajo se ha impuesto de golpe, sin periodo de adaptación, con consecuencias complicadas para muchas personas que tienen dificultades para adaptarse y crisis para otras que ya no son tan necesarias, como la limpieza o los bares donde vivían de los desayunos de miles de trabajadores que ya no van físicamente a su puesto. Pero el caso de la Administración tiene mucho de cuento y no chino. Parece que se nos ha olvidado que tenemos que prestar un servicio público y por eso somos empleados públicos, es decir, el Jefe es el Público y no el empresario privado. Y público lo hay de muchas clases, aquel que no tiene dificultad con la tecnología o aquellas otras personas que bien por edad o simplemente por no disponer de Internet no pueden hacer sus gestiones de manera telematica. Y justo en la Administración Pública es donde se ha impuesto de manera bestial el tele trabajo, dándonos a los empleados públicos todo tipo de posibilidades para no acudir al puesto, cuando una de las cosas que debemos hacer es ayudar a quien no puede pagar una asesoría.

En definitiva, como consecuencia de una crisis sanitaria, la Administración Pública elimina todo servicio de ayuda a las personas, solo se puede acudir a una administración con cita previa, si sabes pedirla y tiene mucha paciencia, ya que se ha reducido la atención hasta limites grotescos, cuando las medidas de seguridad son considerables, mucho más que en la gran mayoría de empresas privadas.

Por último, si de verdad queremos irnos a la cama contentos no debemos hacer caso a las noticias de los medios ultras ni de los partidos de derechas. Seamos más solidarios con nuestros vecinos y vecinas y menos vigilantes. Estemos atentos a los atropellos patronales que vienen o pueden venir, y comunicarlo al Sindicato, que a pesar de los pactos para salvar el sistema que nos destruye, sigue siendo un arma de la clase obrera, aunque algunos tengan la pólvora mojada.

Vicente Alcaraz.

Miembro del Consejo Sindical Obrero.

3 pensamientos sobre “Cuéntame un cuento.

  1. Como me gusta Vicente, así es, estoy completamente de acuerdo.
    Quienes necesitamos hacer alguna gestión oficial lo pasamos verdaderamente mal porque, no sólo son las causas que enumeras, también lo farragoso de los impresos.
    Parece que todos sabemos y tenemos medios.
    Como siempre ¿Quien piensa en las personas mayores? Y en quienes no tienen medios.

  2. Sabíamos que los Servicios Públicos en las últimas decadas habian perdido calidad como consecuencia de la reducción drástica de empleados. Ahora con la situación provocada por el maldito coronavirus y la implantación, de forma atropellada y sin estudios en profundidad, del teletrabajo las consecuencias pueden ser la puntilla para el mantenimiento y mejora de los Servicios. Si los ciudadanos no presionamos a los políticos para que cambie la situación el retroceso en derechos sociales puede ser irrecuperable para las próximas generaciones. Salud para todos.

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