El pragmatismo en el lenguaje.

Pragmatismo: Teoría filosófica según la cual el único medio de juzgar una doctrina moral, social, religiosa o científica consiste en considerar sus efectos prácticos sobre cualquier otro valor.

A través del lenguaje expresamos nuestros pensamientos, pero también sabemos que la utilización del lenguaje puede, en muchas ocasiones, mas de lo deseable, oscurecer esos pensamientos para ocultar las verdaderas intenciones. Unas veces no se consigue por repetidas, así, ya es de todo el mundo conocido el que cuando se dice “reformas” están invocando “recortes”.

Otras veces la sutileza entra en juego y el lenguaje se utiliza insidiosamente con la intención de determinar el posicionamiento del receptor del mensaje. Así, no es lo mismo referirse al “déficit” del sistema de pensiones que a la “insuficiente” financiación del sistema de pensiones.

Igualmente, utilizar el término “quiebra” de la Seguridad Social tiene una aviesa intencionalidad, pues al tratarse de un término mercantil, no puede ser aplicable a un sistema público. Distinto sería aplicarlo a un fondo privado de pensiones.

A través del lenguaje se manifiesta la ideología, y aquí queríamos llegar. La señora Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, al manifestar que “la actuación en las residencias de ancianos ha sido guiada por el pragmatismo” es toda una declaración ideológica de su gobierno y, por ende, del PP, puesto que no ha sido desautorizada.

Poco se ha hablado de esa declaración y a nosotros y nosotras, personas pertenecientes a ese colectivo o que tenemos familiares en residencias, deberíamos alarmarnos porque lo que está en cuestión es el modelo de residencias que queremos y el modelo que se ha destapado que tenemos.

Lo ocurrido en Madrid está judicializado y el recorrido que tenga ya se verá. No me atrevo a opinar al respecto, pues los caminos judiciales son tortuosos, resbaladizos y llenos de argucias y trampas. No digamos nada sobre el lenguaje, volvemos al lenguaje, que lo hace inaccesible a los y las ancianas comunes. Y yo lo soy.

Cierto es que el foco se ha puesto en la Comunidad de Madrid. Ello es debido a que lo allí ocurrido ha sido de una máxima gravedad, escandaloso, obsceno. Pero ello no puede llevarnos a eludir la necesaria autocrítica y el profundo análisis de lo ocurrido aquí, en casa, en nuestra propia Comunidad.

Si bien es cierto que el DOGV publica el acuerdo de 19 de junio del Consell sobre medida de prevención frente a la COVID-19, en el cual se mantiene una, parece, estrecha vigilancia sobre las residencias de mayores, cuya eficiencia no vamos a valorar por falta de conocimientos sanitarios suficientes, sí podemos y debemos preguntarnos ¿Y después, qué?¿Cuando la nueva normalidad d eje de ser nueva y nos instalemos en una realidad, que esperamos sea muy parecida a la pre-COVID, nos olvidaremos de las residencias y su población exponiéndola a que cualquier otro vaivén se cebe en ella?

Se hace necesario desde ya mismo un amplio y profundo debate sobre qué residencias queremos, cuál es la dotación de personal necesario para una atención digna, así como el modelo organizativo para que aquellos y aquellas residentes gocen de la autonomía y libertad que su estado les permita. Un debate en el que puedan participar los actores.

¿Queremos un modelo en el que el pragmatismo impere sobre cualquier otro valor?

A los y las apologetas del pragmatismo nos gustaría escucharlos en el debate parlamentario sobre la Ley de muerte digna o Ley de eutanasia. No sé porqué me acabo de acordar del doctor Montes. Caiga sobre las conciencias de las personas el peso de calvario que le hicieron pasar.

José María Rubio Gallo.

 Secretario de la Federación de Pensionistas de CCOO l’Alacantí-Les Marines.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *