Igual la cuerda se rompe.

Hay un sector de la oligarquía que no se siente representada políticamente con la derecha tradicional y desea seguir manteniendo sus privilegios. Cree que la gestión de sus intereses en el proyecto Europeo no se está llevando como debiera, al menos para sus intereses.

Sí, estoy hablando de esos señoritos andaluces, hijos del terrateniente, al menos por filiación, de esos pijos del barrio de Salamanca que sin servicio doméstico tuvieron que dar otra utilidad a las cacerolas y de tantos otros que parece que se multiplican, pero que en realidad son los de siempre. Y en esta nuestra amada ciudad de Alacant, también existen.

Me estoy refiriendo a esa fracción de la burguesía que es la que ha puesto en marcha y alimentado el proyecto de VOX.

Esta formación política no era muy conocida hace apenas hace un par de años. En las elecciones Generales de 2016 obtuvieron 46.781 votos en toda España, lo que representaba el 0,2% del electorado. En las Elecciones Locales de 2015, obtuvieron en la ciudad de Alacant 859 votos, un 0,57% del electorado. Por debajo del PCMA y PCPE.

En aquellos tiempos, el partido, ya claramente fachorro no parecía tener sin embargo, esa aureola de rancio frikismo militar, ni olor a naftalina. No ofrecía la imagen nazi-fascista de otras organizaciones. Tampoco se asociaba con esa parte de la derecha hispano-putera. Quienes conozcan un poco a las organizaciones ultra derechistas de nuestro territorio, sabrán poner apellidos a cada una de estas adjetivaciones.

Esa fue la razón para ser la “Elegida”. Una organización capaz de mantener cierta apariencia de “demócratas de bien” era lo que se necesitaba para entrar poco a poco en las instituciones, haciendo el ruido necesario para entrever que la nueva derecha, aunque muy vieja, estaba llegando.

A esta nueva-vieja derecha, que ya podemos llamar sin rubor fascista, se le fue alimentando desde distintas posiciones políticas, al margen de su mecenazgo natural.

Entre estas, la derecha conservadora, o cristiana. Aquella que antes había sido franquista, pero que luego se vistió de demócrata y que más tarde asumió el ideario más rancio del nuevo fascismo europeo. Esa derecha, que con la irrupción “popular” de VOX, jugó a ver quien la tenía más larga y alimentó el sueño de un loco, aprobando disparatadas y reaccionarias propuestas en Ayuntamientos, diputaciones y otras instituciones, naturalizando el fascismo como forma política.

También entró en el juego el centro derecha, más español que ninguno. Aquel que por momentos se situó más a la derecha que Cristo, aunque en los últimos meses, desde la marcha de su mesías, volvió al centro y pareciera pasar por la izquierda al mismísimo Gobierno “social-comunista.”

Y por supuesto la socialdemocracia vieja y nueva, vieja en siglas y nueva en caras. Ambas con los mismos planteamientos, marrullerías y traiciones de más de cien años. Han jugado hasta la saciedad al cuento de Pedro y el lobo. A Pedro no le ha ido mal en el corto plazo. Veremos cuando el lobo se lo acabe comiendo, a él y a su rebaño.

El refranero que es muy sabio aplicaría aquello de “entre todas la mataron y ella sola se murió.

Decía que esta gente, a la que mi padre hubiera llamado, “gentola”, ha mantenido poco tiempo la apariencia para acabar demostrando lo que es realmente. Ahora precisamente que hay que llevar mascarilla por razones higiénico-sanitarias, deciden quitarse definitivamente la careta.

Han ido tensando poco a poco la cuerda política y con ello arrastrando a su terreno a otras organizaciones. También a algún que otro militante oportunista de tal o cual club. Pero si el mimetismo político ha dificultado entrever las diferencias y toda la derecha al PSOE ha acabado compartiendo espacio político, el distingo ha tenido que venir de las formas.

Y así, la ultraderecha fascista, por fin, se está ganando un espacio propio. Ahí los tenemos, “reconvertidos” en ultras, aparentando lo que quisieron evitar. Ahora son reconocidos más fácilmente. Son lo fascistas de toda la vida.

Se ganaron cierto espacio aprovechando el tirón a la contra del “procés”, porque lo de la españolidad aquí, queramos o no tiene su público, y más desde el gol de Iniesta, y a partir de aquí, se vinieron arriba… España.

Pero, ha sido durante esta pandemia, donde han puesto en evidencia que existen como la reacción que son de toda la vida ante la movilización social que sin duda vendrá, acompañando la penuria de la clase obrera en esta nueva crisis capitalista. Existen porque su misión histórica es la misma que en los años 30 del pasado siglo: reprimir y evitar un desmadre hacia un rojerío incontrolable. Santa misión que como los fantasmas de Charles Dickens se han ido revelando a don Santiago Abascal, hasta llegar a entenderlo. Solo que en esta ocasión el personaje no se dulcifica, sino que se agría, aumenta su odio y su rencor y su avaricia.

Durante este tiempo de encierro responsable para muchos y muchas, salieron con sus huestes a la calle, a las bravas, exigiendo libertad. La libertad de chafar al resto como siempre hicieron, libertad para reprimir, torturar, asesinar, ocultar y excluir. Y lo han hecho además, usurpando un espacio histórico de lucha de las organizaciones populares, la calle. Algunos con sorna les llamó la “Kale Borroka cayetana”. Con ello, han intentado suplantar, haciendo creer que su lucha es colectiva, por el bien social; pero la realidad es que sus proclamas, además de simplistas y superficiales, no son capaces de aportar ninguna propuesta más que la exacerbación de los derechos individuales y de sus privilegios por encima de los sociales y de la mayoría.

Por eso, mientras unos, no renunciábamos este 23 de mayo a las calles y nos concentrabamos exigiendo “Trabajo, Derechos y un Plan urgente de Emergencia Social”, respetando escrupulosamente las distancias sociales, con guantes, mascarillas y aforo limitado a 50 personas, esta “gentola”, el mismo día, a la misma hora, consiguió que la Avda. Alfonso X el Sabio y la Rambla pareciera una trashumancia alicantina. Nunca vi tanto borrego junto.

Y seguirán estirando la cuerda, esa cuerda que está a punto de romperse y que seguro que cuando lo haga sera más larga de nuestro lado que del suyo.

Kike Parra / @pcpe_alacant

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