No tengo ni idea de pandemias, por lo tanto mucho menos de cómo afrontarlas, así que si alguien piensa encontrar alguna solución magistral que acuda a los profesionales, porque aquí no lo va a encontrar. Creo que esto que me pasa a mí le ocurre a la gran mayoría de los tertulianos, opinadores, incluso periodistas y, sobre todo, algunos políticos que se creen poseedores de la verdad y la solución a la crisis sanitaria tan grave como estamos viviendo.

En pocos meses todos y todas hablamos de confinamiento, de las pruebas PCR o los test rápidos, somos expertos en geles, guantes o mascarillas homologadas y las que no. Analizamos el problema por las redes como si discutiésemos de fútbol siendo de equipos distintos, donde no impera la razón sino el color del equipo.

Y es comprensible, si la máxima potencia mundial tiene como presidente a un multimillonario ignorante que no para de decir tonterías y al que le dimiten sus expertos en sanidad como a su amigo brasileño o a la de la Comunidad de Madrid, y el ingles se ha reprimido porque casi se muere.

En definitiva, no hay gobierno que no aplique medidas para paliar la movilidad y garantizar la distancia física entre las personas, que no la distancia social (esa son las clases y la distancia social está bien garantizada en el capitalismo). Si en España, “no lo quiera el pueblo”, gobernase la derecha, da igual que la llamemos extrema derecha o derecha extrema, es lo mismo y sale del mismo sitio (del régimen franquista), nos habrían impuesto el toque de queda y el ejército en la calle con disparo si te lo saltas (bueno, lo del ejército ya lo ha hecho también el gobierno “progresista” y en lugar de tener servicios sociales tenemos militares hasta en las ruedas de prensa).

Desde Consejo Sindical Obrero hemos visto cómo la actuación del gobierno en esta crisis sanitaria y económica ha sido muy distinta de la crisis del 2008, donde no se miró por las trabajadoras y trabajadores, el único punto de mira estaba en la patronal y salvar sus muebles. En esta ocasión no podemos olvidar que los ERTES libran de todo pago a los empresarios mientras que a las plantillas les reducen un 70% su salario con un tope de 1098 euros, además de obligarnos a hacer la renta del año siguiente al tener dos pagadores (Consejo Sindical Obrero ha pedido al Ministerio de Hacienda que se modifique para no que no haya obligación de declarar). No podemos olvidar que se impide el despido en los seis meses después de la incorporación del primer trabajador/a. Bueno, se puede despedir, pero deben devolver las bonificaciones. Tampoco vamos a olvidar, si se pone en marcha, el ingreso mínimo vital, ese que los empresarios y la derechona no quieren porque dice que incita a no trabajar.

¡Y es que son de lo que no hay!, por un lado dicen que un impuesto a las personas que tienen un millón de euros es un impuesto a las clases medias y, por otro lado, nos dicen que con 400 euros ya no buscaríamos trabajo. Si no fuesen tan clasistas sería divertido, pero no lo es, y menos que trabajadoras y trabajadores les voten.

Pero tampoco vamos a olvidar que nos prometieron derogar la ley mordaza y ahí sigue, nos prometieron prohibir el despido en situación de IT y lo que hicieron fue hacerlo improcedente, nos prometieron derogar la reforma laboral, lo volvieron a prometer, llegaron a firmarlo pero duró solo dos horas. Ahora dicen que esto generaría inestabilidad al mercado, lo mismo que dicen los empresarios cabreados. Y los sindicatos de la mesa de negociación se ofenden porque una derogación de la reforma laboral no se puede hacer así, “hay que hacerla en la mesa de negociación, con los empresariosSi no están en la firma, muchos nos preguntaremos ¿para que sirven?

Decía al principio que no entiendo nada de pandemias, ni de su lenguaje. No entendía por qué se le llama desescalada tras el encierro en el que hemos vivido durante 2 meses largos, debería llamarse desencierro. Pero gracias a las rectificaciones lo voy entendiendo. Algunos han subido muy alto, están en una fase muy alta de la estupidez, desde la Presidenta del Gobierno de Madrid, la que dice que los techos altos son buenos para evitar el contagio al Gobierno que pacta una derogación íntegra de la reforma laboral del PP de 2012, olvidándose de la suya de 2010 (ambas respondidas por la clase obrera con sendas huelgas generales), y se acojona justo después de hacerla pública, cuando los poderes fácticos le recordaron a quién se debe.

Igual que Juan Roig no tiene reparo en acudir a las manifestaciones fascistas cuando la crisis lo ha hecho todavía más rico, cuando ha sido capaz de modificar leyes en su beneficio, en Consejo Sindical Obrero tampoco tenemos reparo en EXIGIR al GOBIERNO que cumpla con la clase que produce en este país, que recupere la sanidad y los servicios públicos privatizados, regule el mercado de trabajo, derogando su reforma laboral y la del PP, evitando la contratación precaria y fraudulenta, que garantice las pensiones públicas por ley, y sobre todo, que se olvide de la patronal y gobierne para el pueblo, y en esas tendrá el apoyo popular.

Mientras, será el PSOE de siempre, una de cal viva (reformas laborales, OTAN, venta de sector público,…) y alguna de arena (mas sensibilidad social), que impone medidas antiobreras a las que la derecha no se atreve.

Que no nos callen con el virus y el miedo, no permitamos que nos modifiquen nuestras condiciones laborales sin negociar, no permitamos ERES sin información detallada de las cuentas reales de la empresa, no permitamos que la pandemia se lleve también nuestros derechos laborales y sociales.

Consejo Sindical Obrero (CSO) os ofrece una organización para defendernos de las agresiones y a la ofensiva en la conquista de derechos.

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