Un joven, una bandera y unos cuantos gilipollas.

“Gilipollas”: según la RAE este adjetivo está calificado como ‘necio o estúpido’, todo depende de cómo quieras emplearlo, ya que unas veces suena mejor gilipollas que la definición de la Real Academia de la Lengua Española.

Pero voy al grano, aunque duela. Este pasado domingo, Joselu, un joven andaluz de 28 años y que reside en Madrid decidió, tras los aplausos de las 20 horas, salir a la calle con su bandera arcoiris, ya que este domingo se festejó el Día Internacional contra la LGTBIfobia, por sentirse orgulloso de su condición sexual, algo que no sentó nada bien a vecinos y viandantes que a esa hora pisaban las calles de la capital de España.

Joselu decidió hacer deporte, respetando en todo momento el horario y las medidas de confinamiento. Vive en el barrio de Arganzuela, y antes de salir de su domicilio escuchó sonar varias cacerolas en la calle.

Él decidió homenajear al Día Internacional contra la LGTBIfobia a su manera. Es decir, coger su bandera arcoiris para hacer algo parecido a lo que hacían los y las de las cacerolas. Pero este opositor a bibliotecario no sabía que se iba a cruzar en su camino tanto gilipollas, o, como define la RAE, “necios o estúpidos” (sirva también para el género femenino).

Joselu recibió desde que puso un pie en la calle gritos de “maricón”, “desviado”, tal y como contó el lunes a varios medios de comunicación.

“Fui con una sonrisa y salió todo lo contrario. No había hecho ni dicho nada, me imaginaba un barrio de derechas, pero no tanto. No me he ido a Núñez de Balboa o al barrio de Salamanca con mi bandera a provocar, es que he salido a la puerta de mi casa”, relató molesto Marcos, que describe que su primera reacción fue la de quedarse “asombrado”.

El joven andaluz tuvo que escuchar sandeces hasta de sus propios vecinos del bloque donde vive. ¡Cuánto gilipollas anda suelto! “Una mujer empezó a dar cacerolazos al lado mío. Llegaron un par de señores dándole a la sartén a un palmo de mi cara. Yo les empecé a gritar que hoy era el día contra la homofobia y uno de ellos me dijo que era el día para estamparme la sartén en la cara. Hubo un momento que sí tuve miedo, sobre todo, por la mirada de odio que tenían”, explicó el joven a una emisora de radio. Ni que decir tiene que mi cara era un poema escuchando todo esto, como si nos encontráramos en el siglo XIX.

Y más aún porque en ningún momento le preguntaron por si estaba a favor o en contra de la cacerolada contra el Gobierno. Le llegaron a decir que tenía que salir con la bandera de España y que la bandera LGTBI no la podía sacar en Venezuela. Ya me diréis vosotros qué pinta aquí Venezuela.

Pero no todos son gilipollas, necios, tontosdelhaba o fachas adiestrados (la definición la dejo opcional para cada uno). Viendo como la tensión se incrementaba, la mayoría de los vecinos decidieron mostrar su apoyo al joven y comenzaron a aplaudirle. Pero es que esos homófobos llamaron a la policía para denunciar a Joselu. ¡Sí, increíble pero cierto queridas y queridos lectores de Alicante Opinión!

Los de las cacerolas, pasándose las normas del confinamiento por donde la barriga pierde su nombre, llamando a las fuerzas del seguridad del estado por que una persona estaba a dos metros de los demás y que su “peligrosidad” era portar una bandera que no era la española (con pollo o corona, no importa), sino la arcoiris, bandera que le representa. ¡Manda huevos!

Los agentes, tras calmar a todos, le dijeron a uno de los denunciantes que “si tiene algún problema en que yo salga con una bandera u otra es cosa suya y que no hay ninguna provocación en que yo lleve una bandera”, recuerda Marcos, que confesó romper a llorar en ese momento por la tensión acumulada.

Todavía queda mucho camino por recorrer. Y todavía queda mucho gilipolla, homófobo, necio o estúpido suelto en mi querida ‘Españita’, y que muchos de ellos son afines a un partido político “que debería de ser ilegalizado”, y eso lo digo yo.

Ser homofóbico es tan ridículo como odiar a un zurdo por escribir con la izquierda. E igual de idiota es pretender enderezarlos. Además, las personas que acusan a otras por su condición sexual, con frecuencia ocultan su homosexualidad latente. Recuerden: “Realmente el problema no es nuestro amor. Es el odio de las personas homofóbicas”. Salud.

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