Desde mi Buhardilla veo el tiempo pasar y me obliga a pensar en nuestros anhelos, en ese ojalá que nada tiene que ver con la conocida canción de Silvio Rodríguez. 
Y es que después de tanto confinamiento, únicamente pasan por mi cabeza los “ojalás”, esos que no dejamos de repetir y me explico. 
Ojalá encuentren una vacuna. Ojalá esto acabe pronto. Ojalá no haya un repunte y más contagiados. Ojalá nadie pierda la vida. Ojalá recuperemos nuestra libertad. Ojalá que todo esto sirva para hacernos mejores. 
Ojalá que cuando todo esto se acabe cuente a los míos y no falte ninguno. Ojalá no se pierdan más puestos de trabajo. Ojalá la crisis económica no nos salpique. Ojalá no tengamos que vivir nunca más una tragedia así. 
Pienso en los “ojalás” que estaban en nuestras manos. Todos los que hemos perdido por miedo a perder. Esos “ojalás” que ni siquiera hemos intentado porque nos han vencido los temores. El temor a la desilusión, a la decepción, al fracaso, a no ser correspondido, el temor a mostrarnos como somos. El temor al dolor o al rechazo. El temor a perdernos sin tener ni siquiera la oportunidad de habernos encontrado. El temor a perder el control, a caernos, a no levantarnos. El temor a perder nuestra seguridad. 
Ojalá éste tiempo sirva para futuros “ojalás”. Y sobre todo, para esos “ojalás” que nos reconcilien con los otros. Que nos quiten culpa. Ojalá que aprendamos a decir que no. Ojalá nuestro llanto sea de emoción. Ojalá que nos levantemos siempre que caigamos. 
Ojalá disfrutemos los momentos. Ojalá no dejemos pasar ni una sola oportunidad. Ojalá dejemos de imaginar y lo intentemos. Ojalá no nos privemos de un beso, de un abrazo, de un te quiero. Ojalá aprendamos a vivir todos los días de nuestra vida. 
Por eso, cuando esto pase que pasará, recordaremos que hubo un virus que nos privó del presente, y que nos hizo caer en la tentación de sobrevivir para que se nos olvidara vivir. Pero no lo consiguió, porque comenzamos a desear lo más inmediato. Y entonces fuimos conscientes de lo afortunados que éramos porque aún nos quedaban muchos “ojalás” que hacer realidad. Salud.

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