DE UN PAÍS DE FAKE NEWS.


Tras el “¿Quién me ha robado el mes de abril, cómo pudo sucederme a mí?” llega: “¿Quién me ha robado abril y mayo, cómo pudo sucederme a mí, carallo?”. 

Mi ‘Españita’ del alma sigue sobreviviendo a la Covid 19, a pesar de que continúa perdiendo a mucha gente en esta dura guerra. La Fase 1 está en marcha. Ojalá no nos tengamos que arrepentir, porque mira que hay tontos que pasan de advertencias y se marcan ellos mismos las reglas. Vamos, gilipollas básicamente. 

¡Mi ‘Españita’ del alma…! ¿Soy yo o he comenzado a echar de menos los aplausos de las ocho? Hay que recordar que, por desgracia, siguen cayendo médicos, doctoras, enfermeros, enfermeras, personal sanitario. ¿Acaso ya han colgado sus capas y sus uniformes de héroes? Que incultos somos. Nos creemos que por ponernos un chándal y hacer como que corremos ya lo somos todo. Pues no, lectores y lectoras. Además, los medios de comunicación y redes sociales no ayudan. Cada uno tira para lo suyo, para el color de su partido, y eso me saca de quicio. 

Desde que el pasado mes de enero comenzaran a conocerse los primeros casos de enfermedad por coronavirus, decenas de noticias falsas, conocidas como “fake news” o “bulos”, han calado en la opinión pública generando lo que la OMS ha denominado una “infodemia”. Las “fake news” tratan de forma sistemática y deliberada de engañar, confundir, desinformar, inducir a error, manipular decisiones personales, desprestigiar o enaltecer a una institución, entidad o persona u obtener ganancias económicas o políticas.

La historia ha demostrado que estos bulos son una amenaza para las personas. Solo por poner un ejemplo, expertos señalan que la proliferación de bulos a través de los medios de comunicación antisemitas fueron un importante desencadenante del odio a la población judía y la colaboración de miles de civiles en el Holocausto.  

Con la proliferación de noticias falsas, los hechos pueden llegar a declararse erróneos y las mentiras considerarse verdaderas, detrás de ellas puede haber poderes fácticos, intereses dañinos, pueden generar caos, miedo, desconfianza. Cuando se trata del ámbito científico y sanitario, suelen ignorar la evidencia, de hecho, pueden llegar a falsearla o manipularla, y en la situación actual, generan ruido en la gestión de la crisis.

Hablando de crisis, este humilde “cuenta cosas” no va a entrar en cómo se está gestionando esta pandemia. Soy de los que piensan que si hablan los expertos, habrá que confiar en ellos, que para eso han estudiado. Pero no. Mi vecino del quinto dice que ha escuchado que alguien ha comentado que vio en la tele… ¿Me entendéis ahora, no? 

Tampoco voy a entrar en confrontaciones políticas. No me gustaría estar en la piel del presidente del Gobierno, ni del Ministro de Sanidad, ni de la Consellera de Salud. Ante una crisis de tal magnitud, todos los partidos políticos deberían cambiar los trajes y corbatas por chándals y camisetas, y currar todos a una, como en Fuenteovejuna. Y dejar de leer periódicos como el ABC, El Mundo, Público u otros que son teledirigidos por políticos o iluminados que se hacen llamar periodistas. 

Yo únicamente deseo que todo esto pase cuanto antes, aunque después de la pandemia no volveremos a ser los mismos. Me gustaría pedir a la gente que haga caso de las normas, ya que cualquier exceso nos puede llevar de nuevo al comienzo de todo. Estoy a 50 kilómetros de mi familia y me gustaría abrazarla. Por todo, cumple las normas y pon tu granito de arena para un futuro mejor. Por nuestros hijos. Por nuestros mayores. Por todos. Por nuestra nación. Salud. 

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