COVID-19 en cifras 1 de mayo de 2020 a las 09:00 h. BARRACONES.

FRANCISCO JESÚS GARCÍA.

Hoy el mundo ha superado los cuatro millones de contagios por COVID-19 y se prepara para superar los
trescientos mil fallecidos. A estas alturas, ya está claro que si hay una estructura que ha quedado todavía más
noqueada que la sanitaria con la coronacrisis, esa es sin duda la educativa. Unos mil millones de escolares,
según la Unesco, se han quedado sin clases presenciales en el planeta, sin contar estudiantes de etapas
postobligatorias. Un terremoto educativo sin precedentes. Es probable, además, que en octubre la epidemia
rebrote y que deban cerrar los centros educativos periódicamente. Las aulas son cámaras de contagio ideales:
campos de concentración de agentes asintomáticos inconscientes que se mezclan con profusión y diariamente
regresan a sus hogares creando una red densa de difusión de virus.
La crisis educativa en España, como ha ocurrido con la sanitaria, se plantea además sobre un terreno de
juego hostil. Más de una década de recortes que no se han revertido, un sistema sostenido (y vigilado) por
fondos de la Comunidad Europea, una didáctica anquilosada en clases de tiza, pizarra y monólogo, una
experiencia marginal en educación no presencial, precariedad de medios digitales, más prohibición que
fomento del uso de tecnologías como calculadoras y móviles, grandes diferencial sociales entre el alumnado,
la edad media del cuerpo docente más alta de Europa (46,5 años en Secundaria), un número elevado de horas
lectivas del profesorado (19 en Secundaria de la Comunidad Valenciana),…
Muchas cosas van a tener que cambiar y no necesariamente para bien. Cuanto antes lo asuma el sistema
educativo en su conjunto, mejor capacidad tendrá de dar una respuesta realista a la crisis. Quedan
exactamente cuatro meses para que comience el nuevo curso 2020-2021, y hay muchas actuaciones
importantes que acometer.
Habrá que aprender de las recetas sanitarias: muchas contrataciones, mucho dinero, mucha imaginación y
todo el poder para los técnicos.
Habrá que pensar en la posibilidad de dobles turnos con criterios discriminatorios según el nivel.
Habrá que elaborar un plan de optimación de recursos educativos públicos, sin recortar prestaciones.
Habrá que fusionar institutos, algunos de los cuales ahora lindan pared con pared. Y, ¿por qué no?, también
de Universidades.
Habrá que minimizar la movilidad del alumnado entre aulas.
Habrá que eliminar la trashumancia del profesorado itinerante.
Habrá que garantizar separación de, al menos, dos metros entre persona y persona (alumnado, docentes,
personal de administración, personal de limpieza, auxiliares de comedor, monitores de actividades, conserjes,
personal de mantenimiento y cantina, familiares tutores de visita,… )
Habrá que rebajar las ratios por grupo sustancialmente.
Habrá que incrementar la contratación de docentes para ampliar las plantillas actuales.
Habrá que contratar personal de enfermería para mantener un control sanitario de la población escolar y
establecer una coordinación efectiva y cualificada con los servicios de epidemiología.

Habrá que incrementar la dotación de equipos portátiles, conexiones a Internet y software libre adecuado
para el alumnado y el profesorado.
Habrá que desinfectar con frecuencia los centros educativos.
Habrá que incrementar los servicios de limpieza para garantizar su presencia en las horas lectivas.
Habrá que dotar los lavabos del alumnado con materiales de limpieza y aseo personal (geles para la limpieza
de manos, secadores eléctricos, papel higiénico, cobertores para las tazas,…)
Habrá que contratar personal educativo complementario para controlar la desinfección persona por persona a
la entrada y salida del centro, para atender los comedores escolares, para incrementar la vigilancia en los
patios y los aseos.
Habrá que restringir y reestructurar la atención personalizada del profesorado de Pedagogía Terapéutica, que
hasta ahora funcionaba prácticamente con el boca a boca.
Habrá que revisar la idoneidad de mantener los programas de préstamo de libros de texto en papel.
Habrá que habilitar espacios provisionales (aulas, talleres, laboratorios,…) del mismo modo que se han
habilitado “hospitales de campaña”.
Por fortuna estas aulas de campaña ya son bien conocidas en escuelas e Institutos: en el argot escolar se
llaman barracones.
Para reflexionar.

1 pensamiento sobre “COVID-19 en cifras 1 de mayo de 2020 a las 09:00 h. BARRACONES.

  1. Esta muy bien. Muchas ideas para hacer en los centros.
    Pero los centros educativos son espacios para el encuentro, el fomento de la relaciones encuentros y desencuentros, enamoramiento , juegos, risas, riñas etc.
    En la clausura del Ifema todo eran abrazos, bailes etc. Y eran personas mayores, con formación y responsabilidades.
    ¿Cómo se podrían organizar las relaciones en el centro con coronavirus?.

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