ESPAÑA ABRIRÁ CUANDO SE ABRAN LOS BARES.

Vamos a salir, pero no sé muy bien adonde. Se me ocurren algunos garitos. Estos últimos días Teresa Ribera, vicepresidenta cuarta del gobierno, ha dicho que “si los bares no se sienten cómodos con la desescalada después del virus, que nadie les obliga a abrir. Que sigan cerrados”. 
El que está incómodo sin bares soy yo, y eso que no los frecuento mucho. Y lo estoy porque España no abrirá hasta que no abran los bares. Quítame la Organización Mundial de la Salud y dame un café con leche y media con tomate en la Plaza de las Malvas, tomando el sol con mi fiel escudera, mi mujer. 
Quiero volver a salir los domingos con mis suegros y comernos un buen arroz de pata y callo, volver a probar el arroz al horno de mi madre, escuchar expresiones como: “sácame la cuenta de la mesa 3”, “¿por favor el baño?”, “me cambias el sobre de azúcar por uno de sacarina”, “buenos días caballero, ¿lo de siempre?” o pedirle al camarero que nos inmortalice el momento con una foto. 
Cuentan que la desescalada será por provincias y pienso que deberíamos salir por preferencias del café: “Un manchado por aquí; corto con leche para el fondo; descafeinado de sobre con sacarina para la señora de blanco, americano, sólo largo; belmonte y carajillo de ron quemado para la seis…”. 
Echo de menos a Javi del “Bar Granada”, al camarero despistado del “101 tapas”, el cortado que me tomaba en el “Marlene” o la recién estrenada terraza del “pub Venecia”. Pienso en estos premios Nobel de la tapa, el guiso; o la simpatía y profesionalidad de mi Rocío, la mejor camarera del Mundo. 
Todas y todos ellos dieron de comer al hambriento y de beber al sediento. Tanto Oxford, tanto Cambridge… “La Venta del Borrego” en la carretera de Villena a Ontinyent, eso sí bien vale una titulación. 
Ojalá un camarero en el comité de expertos, mí Rocío por ejemplo; por que igual nos han fallado los epidemiólogos y algunos políticos, pero los camareros nunca nos han fallado. Siempre han estado ahí. 
Estos días he escuchado que el Congreso parecía una taberna y yo digo: “Un respeto a los taberneros, por favor”. Salud.

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