3 de mayo de 2020 a las 08:30 h.
La aguja y el pajar

Francisco Jesús García García


Todavía no se ha puesto el sol y ya todo el mundo piensa en el amanecer del día después. Puede
parecer frívolo a la vista de la tabla que se adjunta, en la que se recogen los datos de los países del
mundo con más número de casos acumulados de contagios por COVID-19, sumando millones, pero
intentar anticiparse al futuro es el único modo de construirlo con garantías.
El día después coronavírico depende más del descubrimiento de una vacuna, o de una familia de
vacunas, capaces de prevenir eventuales nuevos brotes pandémicos, que de la contención -todavía
lejana- o extinción del brote actual.
Es seguro que los laboratorios farmacológicos y los institutos y unidades de investigación virológica
del mundo entero buscan afanosamente una vacuna. Va en juego una fortuna en el mercado
farmacéutico mundial. Recuérdese el caso de la Gripe A, con los gobiernos de todos los estados del
planeta -y de todas las Federaciones, Comunidades Autónomas y Regiones con capacidad
financiera- dispuestos a comprarla. Si, como aseguran algunas teorías conspiranóicas, COVID-19 ha
sido difundido por un ignoto laboratorio para vender oportunamente una vacuna de la que ya
dispone, dicha corporación está dejando pasar irracionalmente su momento de oro en el mercado
bursátil.
Es más simple asumir que tal vacuna todavía no existe. Una prueba de ello es el Proyecto de Ciencia
Ciudadana COVID-PHYM que ha lanzado el Consejo de Investigaciones Científicas, basado en el
supuesto de que algunos fármacos contra el ébola, el SIDA o la hepatitis B, que ya han demostrado
ser eficaces, podrían estar disponibles para tratar a pacientes con coronavirus mucho antes que un
compuesto de nueva creación. El Proyecto consiste en realizar simulaciones informáticas de la
interacción de esos fármacos con la maquinaria de replicación de COVID-19. Es una metodología
de prueba y error que necesitará miles de millones de ensayos virtuales para detectar indicios
positivos, algo así como buscar una aguja en un pajar.
Curiosamente, cualquier persona puede colaborar en la investigación, de ahí que sea un Proyecto
Ciudadano. La idea es fácil de entender. Encontrar una aguja en un pajar puede llevar años de
búsqueda, pero si en la búsqueda participa mucha gente, el tiempo del feliz hallazgo puede acortarse
mucho. Quien quiera sumarse al Proyecto no necesita conocimientos especializados: solo ceder
parte de la capacidad de cálculo de su ordenador al CSIC. En https://www.csic.es/es/actualidad-delcsic/el-csic-e-ibercivis-lanzan-un-proyecto-de-ciencia-ciudadana-que-busca-farmacos se pueden
encontrar los detalles del procedimiento.
Sin embargo, peor que buscar una aguja en un pajar sería que la aguja ni siquiera esté en ese pajar.
Para reflexionar. #QuedateEnCasa.

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