29 de abril de 2020 a las 18:00 h.
La medida de la muerte
Francisco Jesús García García


La humanidad ha aprendido muchas cosas desde que, con la transmisión del conocimiento, empieza
a distinguirse del resto de los seres vivos, adelantándolos en velocidad al mecanismo de la selección
darwinista. COVID-19 demuestra que los coronavirus tal vez sean más rápidos, pero eso todavía no
está demostrado. Tampoco está claro que los virus sean seres vivos. Cuestión de definición. Lo que
sí está claro es que el homo sapiens sapiens destaca en la habilidad de contar y medir. Por si hubiese
alguna duda, obsérvense los dos gráficos que se adjuntan. En ellos se representan datos referidos a
dos acontecimientos, el 11-S que derribó las Torres Gemelas y el COVID-19. En el de la derecha,
se mide, día por día, la repercusión mediática de ambos acontecimientos. En el de la izquierda, el
denominado “índice del miedo”, es decir una estimación de en qué medida las noticias recogen o
transmitieron la angustia de la población, o a la población, en cada caso.
El antropocentrismo dificulta entender que la Naturaleza es una fuerza ciega sin intencionalidad
alguna. COVID-19 no busca destruir el modo de vida del capitalismo neoliberal ni tampoco tiene
como objetivo neutralizar la devastación del planeta por la civilización humana. Solo es un
“complejo molecular” con capacidad de autoreplicación.
Pero el hecho es que mata. ¿En qué medida mata?. El otro día incluíamos una tabla ordenada basada
en el concepto de letalidad: proporción de muertes por coronavirus respecto al número de casos
confirmados. El principal inconveniente de esa media es que el virus coloniza también a personas
que no muestran ninguna consecuencia de la infección y que ni ellas mismas pueden saber que están
contagiadas. Son los casos denominados asintomáticos, que no intervienen en la determinación de
la tasa de letalidad. Esa tasa es entonces una cota superior de la capacidad mortífera del
coronavirus.
Pero la letalidad no es el único modo posible de medir los daños irreparables causados por la
pandemia en un territorio. Una alternativa es calcular la tasa de mortalidad, es decir, la proporción
de fallecimientos por coronavirus respecto al total de la población, contagiada o no. Esta tasa es, a
diferencia de la anterior, una cota inferior de la intensidad mortífera de la enfermedad.
En la tabla de hoy se recogen, ordenados de mayor a menor tasa de mortalidad, los trece países del
mundo más afectados al día de la fecha por COVID-19. Entre estas dos tasas -la de letalidad y la de
mortalidad- está el valor exacto, pero desconocido, de la medida de la muerte por esa causa.
Para reflexionar. #QuedateEnCasa.

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