27 de abril de 2020 a las 19:00 h.
El ranking de la muerte
Francisco Jesús García García


La tasa de contagio de COVID-19 es una buena medida simple de cómo está influyendo la
pandemia en una unidad territorial. El número de personas que han dado positivo por cada diez mil
habitantes (el distrito de una ciudad, o el tamaño de un pueblo mediano) es un indicador de cómo
está siendo afectada dicha unidad. Las personas enfermas, aunque no estén hospitalizadas, deberían
estar aisladas, de modo que su potencial transmisor de la enfermedad, su descenso en el
rendimiento laboral y social, por no decir su estado anímico, repercuten en el conjunto de la
sociedad a la que pertenecen.
En cambio, el número de decesos causado por la enfermedad, al ser mucho menor (de orden de la
décima parte), tiene una repercusión económica menor, pero en cambio, el impacto socioemocional
es incomparablemente mayor por su irreversibilidad, afectando a la moral global y al sentimiento de
culpa colectivo de no haber podido evitar desenlaces fatales. Es este sentimiento de culpa colectivo
el que, por insoportable, se intenta transferir a algo o alguien en quien descargar la rabia y la
impotencia, de modo que su impacto se traduce en términos sociológicos o políticos.
Hay dos modos de computar los fallecimientos en términos relativos, la letalidad y la morbilidad.
El primero, la letalidad, es la proporción de muertes respecto al total de casos confirmados de la
enfermedad. Indica, por una parte, la gravedad de la enfermedad y, por otra, la capacidad del
sistema sanitario de evitar que se produzcan desenlaces fatales.
Hoy presentamos una tabla de los trece países del mundo, ordenados de mayor a menor letalidad del
COVI-19. En ella los siete primeros puestos corresponden a países europeos, España a la cola de
ellos. La mitad de los restantes son americanos y la otra mitad asiáticos. Ninguno africano, pero la
ausencia de datos no es una prueba de la ausencia de casos en ese continente. El total de casos
registrados en el planeta acaba de superar los tres millones.
Para reflexionar. #QuedateEnCasa.

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