LA INVASION DE LOS NECIOS.

En estas fechas de confinamiento por cuarentena y teletrabajo, por suerte porque a otros muchos trabajadores les resulta imposible confinarse ya que sus trabajos son incompatibles, uno podría escribir sobre los políticos que sufrimos, o sobre el COVID-19… que es de lo que abunda en estos días, pero ¿saben una cosa? Ni me apetece dar cancha a los políticos de poca moral y menor altura de miras, ni soy un experto en epidemias, ni soy médico y lo único que sé es lo que leo y lo que veo en tv o videos que circulan por las Redes Sociales; o sea, yo sé lo que quieren que sepamos.

Me apetece hablar de esto último, las RRSS, que han supuesto la democratización de la información y de la difusión del conocimiento en general. Pero como tampoco soy un experto en esta materia, en redes sociales me refiero, prefiero leer e intentar informarme de personas de reconocido prestigio que difunden parte de sus conocimientos y de sus análisis.

Decía Umberto Eco que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios.”

Y esto me da pie a opinar desde mi humilde posición de mero ciudadano medio, jamás se me ocurriría compararme con el filósofo, escritor y profesor italiano Umberto Eco, ¡¡Dios me libre!!

Como opinante creo que desde el derecho que todos tenemos a expresar nuestro pensamiento y nuestros sentimientos, hay algo que solemos no controlar y es una “cierta autocensura” en nuestras publicaciones. Es normal, porque forma parte de la condición humana, que alguna que otra vez soltemos exabruptos fruto de momentos de tensión o como válvula de escape a situaciones vividas y que no somos capaces de controlar. Lo que ocurre frente a estas situaciones es que adolecemos del sentido de la autocrítica. Yo no sé si algunos de los que me puedan leer, y que son usuarios de RRSS, no han vivido alguna vez la situación de tener que eliminar algún comentario realizado o alguna respuesta a algún tuitt, cuando pasado un tiempo lo vuelven a leer y se avergüenzan de lo escrito. Yo lo he hecho, lo confieso, no muchas veces pero no sería ni el primero ni el segundo… o tercero en lanzar la piedra. A este tipo de “autocensura” me refiero. Alguna que otra vez he respondido de forma extemporánea a comentarios de personas a las que conozco en mayor o menor medida, pero por las que siento aprecio. Y en más de una ocasión me he disculpado con esas personas después de eliminar mi comentario o he razonado el motivo y el por qué.

No sé si mi forma de proceder es algo generalizado entre los millones de usuarios, me gustaría pensar que sí lo es, aunque por lo que uno puede ver y leer me temo que no sea así.

Mi yaya Remedios (mi yayo le solía llamar Rossa y nunca supimos el motivo o el porqué) decía “Que bo és el coneiximent” (que bueno es el conocimiento) cuando alguien soltaba una frase o un razonamiento desafortunado sobre algo que había ocurrido o frente a una respuesta fuera de lugar. Y es que el conocimiento, no desde la parte de “conocer algo o a alguien” si no desde la facultad del ser humano para comprender por medio de la razón y la naturaleza de las cualidades y relaciones de las cosas, suele ser el mayor hándicap del que hacemos gala los humanos cuando nos atrevemos a publicar sin ningún tipo de filtro en las muchas redes sociales. Tal vez “pensando” (lo pongo entrecomillado porque seguramente lo que menos hacemos es pensar) en que nadie va a leer lo que escribimos, o tal vez, porque la soledad y la supuesta privacidad que nos ofrece el teclado nos obnubila la razón.

Sea como sea, me entristece leer opiniones de personas a las que en algún momento he considerado que tenían un nivel intelectual alto o superior a la media. Hay un refrán que solía decir mi yayo Vicente “si vols saber com és fulanet, dóna-li un carguet” (si quieres saber cómo es fulanito, dale un carguito)… pues bien, en este caso podríamos decir algo parecido a “si quieres saber cómo es fulanito, ábrele una cuenta en cualquier red social”, aunque no rime.

Y lo peor de esto, lo más peligroso, es la proliferación de las fake news (noticias falsas) y la facilidad que tenemos en propagarlas, creando falsas realidades, rivalidades, enfrentamientos que solo nos llevan al extremismo y a la confrontación abandonando el dialogo y el razonamiento, una de las cosas que nos diferencia a los seres humanos dentro del reino animal. Pero como nos decía mi profesor don Vicente Campayo “sois más animales que los animales”.

Pues eso, que cada día parecemos más necios… y esto es ya toda una invasión.

ADRIAN ORTUÑO /@vicentlau

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