¿LÁGRIMAS DE VERDAD? ¡Sí, DE VERDAD!


¡Quieto todo el mundo! No se asusten, no voy a hablar de Tejero. ¡Que se pare el planeta por unos minutos! ¡Que Judas en vez de traicionar a Jesús que lo haga con San Pedro! Así no tendríamos Papa, total para lo que hace el pelotudo. ¡Que las putas hagan huelga de celo esta tarde-noche! ¡Que pueda ponerme cursi y decir que tus labios me saben igual que los labios que beso en mis sueños! Vaya, me ha salido la vena “sabinera“.

No se preocupen. Sigan, sigan con su confinamiento. Yo que pensaba que muchos estarían rezando y mirando al cielo para que no llueva y puedan salir los pasos en las procesiones de Semana Santa, y van y la suprimen; otros pidiendo a gritos que no les desahucien, y lo siguen haciendo a pesar de la que está cayendo; otros tantos buscando trabajo sin poder ir a trabajar (que raro suena, ¿no?); 

A los que mandaban billetes de quinientos euros a paraísos fiscales se os ha acabado el chollo, de momento; los señores políticos siguen con sus chanchullos de turno; los sindicalistas, y no todos, que conste, que en teoría defienden a los trabajadores, dejen de “llevarse” dinero de los ERE para enriquecerse…

Pero ustedes volverán a preguntarse en voz alta: ¿Qué le pasa a Penadés hoy? ¿Qué ha fumado? ¿Qué ha bebido? ¿Qué marca de champú gasta para tener ese pelo tan terso y suave? Olvídense de esto último, no viene a cuento. Pues me pasa, me pasa, me pasa… ¿Lo digo? ¡Venga, suplicarme un poquito! ¡Bueno, allá va! 

¡Españoles, estoy harto de salir al balcón, día sí y día también! Sí, es cierto. Fumo tabaco de liar, he bebido agua para comer y me lavo el pelo con gel, para ahorrar más que nada. 

He visto a personas llorar, aunque no sé si eran lágrimas desordenadas (pedazo de trabajo de Melendi) o desangeladas, pero lágrimas, y perdón por la redundancia, habían.

No hace falta que ponga día y hora. Lo llevamos haciendo una semana. Pero, y me pongo serio, hay que acostumbrarse ya que esto del Coronavirus va para rato. Saldré, siempre que mi trabajo no me lo impida, a ovacionar a todos los que están “tirando” del país. Y no son los políticos, ni sus seguidores usando las redes sociales para alardear de “qué bien lo hacen estos y que mal los otros”. Ni con esta grave crisis que tenemos paran. No son los políticos no. Son los sanitarios, cajeros y reponedores de supermercados, gasolineros, camioneros, mensajeros, cuerpos de seguridad del estado, bomberos, barrenderos, y un largo etcétera, tanto del sexo masculino como femenino. 

Hay que vencer a este endiablado virus como sea, y si no se puede salir a la calle pues nos reinventamos. Muchos diréis: “Qué fácil es decirlo cuando sales tú de tu casa para trabajar”. Pues no. Me gustaría estar confinado con los míos y no expuesto al peligro, a pesar de ir protegido. 

En estos días te das cuenta de lo que vale y se echa de menos un abrazo. Mis padres apenas a 50 kilómetros, mis hermanos igual, mi hijo en Madrid, mis niñas también por España… 

Pero estoy aprovechando para leer y escribir. Incluso me he atrevido con un pequeño poema, aunque muchos de sus versos no timen. Os dejo con él, y por favor, seamos sensatos estos días y juntos venceremos al bicho Covid-19. Salud, más que nunca. 

Bendito confinamiento 

“Benditos sean los mansos atrevidos, los que estamos confinados por el coronavirus, los pecadores jubilados que se saltan las normas, los que tienen perro y los que no lo han querido. Bendito WhatsApp que permites hacer videollamadas con los nuestros que se encuentran en la lejanía…

Benditos sean los tristes que se rien de la tristeza, la tos de los fumadores que vaporean, nuestra familia en la distancia, los sin pelo que se quitan la gorra sin vergüenza y con dignidad, la preciosa poesía de Saray. 

Bienaventurados sean los ceros a la izquierda o a la derecha, los que nacieron en ningún sitio y son de todas partes, los que esperan que amaine el temporal, los que salen al balcón a las ocho a ovacionar, los que arriesgan su vida por los demás…

Desdichados los malditos desalmados que desafían a las autoridades saliendo a las calles sin permiso, los que pasan de rutinas “coronavirueras”, los que pasean perros en sus mentes y encima se dejan en las aceras sus “trofeos”… 

Bienaventurada mi familia a la que le sigo recordando día tras día lo que la quiero; bienaventurado mi niño que ya no es tan niño; bienaventuradas mis niñas que siguen y seguirán siéndolo; bienaventurados los que llevan mi sangre y a los que se la presto. 

A todos los benditos, bienaventurados, desdichados o desalmados; felicidades por el Día Mundial de la Poesía”.

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