Francisco Jesús García García

(reflexiones mínimas sobre aguas turbulentas)

Corona

Hay que ser muy calculador -en el peor sentido del término- para parapetarse detrás de la mayor crisis sanitaria mundial después de la gripe española de principios del siglo XX y anunciar que Papá, el Rey Emérito, no era tan campechano como decían y que más bien se dedicaba al tráfico de influencias, como tantos otros y otras en las últimas décadas. Pero él, la persona, era también una Institución, la Monarquía, cuya credibilidad queda herida de muerte. El Hijo, desde que se enteró oficiosamente de los desmanes del abuelo de la familia real, ha tardado más de un año en retirarle la paga mensual. Mucho tiempo. Ya no es castigo suficiente una sanción económica y una renuncia -en favor de sus hermanas se sobrentiende- a una herencia crematística nada limpia. Las monarquías no son necesarias en el siglo XXI. Si además salen económicamente caras y moralmente poco edificantes, no interesan.

Virus

La prevalencia (casos existentes) y la incidencia (casos nuevos) son los datos claves en epidemiología. Pero el único baremo “mediáticamente contundente” es el de la mortalidad (proporción de número de muertos respecto al tamaño de la población). El número de personas afectadas depende de los medios empleados en hacer las pruebas de detección que identifican a los individuos contagiados. Si se hacen pocas pruebas o estas son muy exigentes, buena parte de los afectados queda sin registrar estadísticamente. Pero también el “número de muertos” es al final una cifra declarada por los gabinetes estadísticos gubernamentales.

La mortalidad del Coronavirus en España e Italia está siendo treinta veces superior a la de China, Corea o Alemania; más de cinco veces la de Francia o Suiza y más del triple que la de Irán. Los datos estadísticos pueden variar según las técnicas de recuento que se utilicen, pero no pueden ser inconsistentes. Hace un mes nadie dudaba de que la Sanidad española era de las mejores del mundo. Pero esa creencia no es compatible con los datos que hay ahora encima de la mesa. O no teníamos -ni tenemos- una de los diez mejores sistemas de salud del mundo, o tiene que haber factores todavía no detectados o no difundidos que sean responsables de que la pandemia esté sobrepasando en España (el séptimo mejor sistema de salud del mundo según la Organización Mundial de la Salud) e Italia (el segundo mejor del planeta) cotas de mortalidad dantescas, mientras que apenas llegue a la quinta parte en Suiza, que no figura entre los quince primeros puestos de la clasificación de la OMS y tiene una tasa de contagio por coronavirus superior al de Italia.

Residencias de Menores y Residencias de Mayores

Menudo contraste entre unas Residencias (las de Menores en su inmensa mayoría públicas) y otras (las de Mayores abrumadoramente privatizadas o concertadas). Las Residencias de Menores no están siendo noticia, lo que es una excelente noticia (aunque el personal encargado no esté recibiendo los aplausos que se merece), pero se confirma en las de Mayores lo que se venía rumoreando dese hace años: la concertación y la privatización están haciendo estragos. Las espantosas noticias sobre ellas, que parecen venir de Auschwitz en vez de España, requieren una investigación profunda. La Comunidad de Madrid está gobernada por el Partido Popular desde hace veinticinco años, pero la Comunidad Valenciana, en la que el Botànic cumplirá pronto su quinto aniversario, no ha quedado exenta de pavorosas escenas en las Residencias de Mayores, sin llegar a los extremos del feudo popular.

La Bolsa o la Vida

Se puede comprobar fácilmente en Internet. Los mercados financieros no se han paralizado. Las órdenes de compra y venta de acciones, futuros, materias primas, bonos, fondos, divisas o criptomonedas continúan su curso. El dinero sigue funcionando. Los algoritmos que gobiernan las transacciones de capital tienen vida propia gestionando la volatilidad, los soportes, las resistencias, las ondas de Elliott, las series de Fibonacci en el trading,… Aunaque la humanidad se extinguiese los ordenadores, alimentados por energías renovables, mantendrían con vida el mercado bursátil.

El día de la marmota

Ya lo cantó Mclan. No hay señal de vida humana y yo, perdido en el tiempo , me acuerdo de ti como en un cuento de ciencia ficción. No estoy tan mal, juego al póker con mi ordenador. Se pasan los días, perdido en otra dimensión… Pero ahí fuera el cambio climático sigue su curso, se empiezan a acumular los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, se amontonan los despidos, aumenta la precariedad, se gesta una recesión brutal que puede superar con creces a la del 2008,…. La culpa esta vez es de un Coronavirus, es decir, del modelo de vida insostenible del neoliberalismo global. La postcrisis sanitaria dará lugar a una bifurcación de caminos: socialismo o barbarie. Es el momento de la izquierda.

1 pensamiento sobre “Corona y Virus.

  1. ¿Cómo podemos ganar nosotros con el coronavirus?
    ¿qué valores tenemos que cambiar?.
    ¿quien va a pagar está crisis?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *