Sanidad sobresaliente.

Vivimos unos tiempos extremadamente extraños.

Entre la amalgama de noticias falsas, bulos, histerias y medidas excepcionales, nos estamos encontrando con situaciones que desenmascaran o van a desenmascarar a muchos.

Y es que el Coronavirus está provocando precisamente aquello que ocurre con las grandes crisis sociales en tiempos de paz: evidencian que las sociedades solo sobreviven, si recuerdan en su base la unión de una necesidad común de sobreponerse a situaciones excepcionales.

Justamente así nacieron las grandes democracias y sobre todo el estado del bienestar, de la necesidad de seguir adelante y sobrevivir, entendiendo que – como seres sociales que somos – por nuestro propio pie y bajo nuestra propia y única fuerza en muchos casos simplemente nos es imposible subsistir. De aquí surgieron los pilares del estado social: la educación, los servicios sociales y sobre todo la sanidad.

Vemos con estupefacción como Madrid se enfrenta al avance incontrolado del Corona virus, con una sanidad desbordada tras años de recortes del PP.
La realidad es que, entre 2010 y 2018, la población ha crecido en esa zona medio millón de personas, pero hay 3.300 profesionales sanitarios menos.

Parece que a los liberales, la derecha y sobre todo la extrema derecha les está pasando la realidad por encima, pero el problema es que es la ciudadanía la que, como siempre o casi siempre, sufre las consecuencias.

Como digo, estos días va a ser cuanto menos curioso al encontrarnos con personas y partidos que, aunque durante mucho tiempo se dedicaron a esquilmar sistemáticamente la sanidad pública, ahora pontificarán de sus bondades y su necesidad.

Cada cual tendrá que darle un par de vueltas a cuál es su concepción de como se gestiona, y para quién se gestiona; si quiere buscar la excelencia del titular fácil o una sanidad sobresaliente como lo es la pública.

Una sanidad sobresaliente que no cobre 300€ por hacer la prueba del Coronavirus cuando realmente cuesta 50€, una sanidad sobresaliente que ahora y cuando más se le necesita no haga oídos sordos negándose a atender a los pacientes.

Una sanidad que no esté concebida como un negocio que solo es rentable, muy rentable eso sí, cuando existe una sanidad sobresaliente pública y universal detrás cubriendo las espaldas de la sociedad amparandola.

Hay que convertir la crisis del Coronavirus en una victoria cultural y política tan aplastante que nadie se atreva a proponer recortes en gasto público durante años y años, ya que hemos pasado meses mirando si el déficit discurría una décima arriba o abajo, y ahora, en estos días de incertidumbre, el dato que a todos nos importa es el número de camas de hospital por cada mil habitantes.

En España, 3; en Alemania, 8.

No todo valía con tal de satisfacer a la Troika. El austericidio era esto. Algunos ya lo dijimos, como ahora avisamos de los peligros de la Emergencia Climática y sus implicaciones. Al tiempo…

Mientras tanto cuídense, eviten la histeria, lávense las manos, eviten las “vistas alegres” y sobre todo, recuerden que las enfermedades no distinguen a quienes contagian y nos pueden afectar a todos, incluso a los que piensan que el mercado les salvará, aunque la realidad es que solo la sanidad sobresaliente y sus sobresalientes trabajadores y trabajadoras lo terminarán haciendo. A ellos y a ellas les quiero decir: Muchas gracias, deberíais ser héroes y heroínas para la sociedad al nivel que algunos divinizan a deportistas o cantantes. ¡Fuerza para los próximos días, nos hará falta a todos y a todas!

Tamara Martínez Lidón.

Politóloga. Sec. Grupo Municipal de Los Verdes de Torrevieja.


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