Nací mujer por heteronorma.

Nací mujer, por heteronorma el color rosa marcó de qué lado tenía que estar, mis virtudes y limitaciones. El “compórtate como señorita” fue algo que nos marcó toda la vida. Claro… si un chico eructa es gracioso, pero si lo hace una chica es mal educada y una asquerosa. Tuve barbies, juegos de cocina, bebés, juegos de peluquería… Siguen estando las jugueterías divididas en dos partes: la rosa, llena de muñecas y juegos de casitas para las niñas, y la azul, con juegos de armas, superhéroes, y todo tipo de profesiones para los niños.

Pero yo no quería ser peluquera o ama de casa, sin despreciar el oficio, a mis muñecas les pintaba en pelo de colores y las tatuaba, no les daba importancia a los bebés tenía de adorno a la cocinita. Por la condición de ser mujeres nos educan para aguantar la opresión de una sociedad que prefiere mantenernos sumisas… porque “calladita te ves más bonita”, servirle a los hombres y sin tener reconocimiento alguno, eres la mujer de… Nos dicen malparidas, locas, putas, malcogidas, resentidas, sufrimos acoso en la calle, ya que nos chiflan y nos insultan “piropeándonos”, pensando que así nuestra autoestima alcanza un nivel más elevado, salimos con miedo a la calle por la noche cuando no estamos acompañadas, aunque tengamos el mismo trabajo que los hombres les pagan mejor a ellos. En las entrevistas de trabajo, a las mujeres nos preguntan si queremos tener hijos, en los medios se halaga el gran discurso de un político, pero critican el vestuario de una senadora y, si no tienes el asombroso y perfecto cuerpo de una chica de revista, ya no eres digna de publicar una foto en tus redes sociales en bikini porque, supuestamente, tu celulitis y tus estrías dan asco y son desagradables.


La primera vez que cociné algo me dijeron “ya te puedes casar”, en lugar de decirme que ya me podía independizar. “No le vas a gustar a los chicos con ese carácter”, dicen muchísimas veces las abuelas, como si fuera nuestra obligación ser queridas y deseadas por todos los varones, y sin siquiera pensar en la posibilidad de que exista otra orientación sexual . Pero claro, a ellas les habían insertado esos pensamientos muchísimo antes, pero en tiempos de una sociedad más machista y atrasada que la nuestra.
 Hoy en día tenemos al alcance  información y, aunque reconstruir sea más difícil que construir, lo estamos haciendo. Pero, ¿hasta qué punto somos libres? Si la mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen obligadas y privadas de sus derechos como ciudadanas, o porque ya no tienen recursos y ahí ven la manera de librarse de la pobreza absoluta. Sí, un elevado porciento proviene de un lugar de pobreza extrema, y es donde aparece la desigualdad… por tener que alquilar tu vientre para parir un hijo ajeno, como si fueras una máquina de gestar.

Mientras las grandes empresas capitalistas utilizan las campañas feministas para venderte una camiseta con carteles promocionándolas, los jóvenes miran pornografía donde se les maltrata, denigra y se pone a las mujeres en un nivel bajísimo.
No se puede esperar nada de un sistema educativo en el que se comienza a hablar de menstruación en tercero de secundaria, cuando ya la mayoría de las chicas convivimos con ella desde sexto de primaria. Mucho menos podemos esperar de  representantes políticos, quienes afirman que el alquiler de vientre es un acto de sororidad, que hay que legalizar la prostitución y pretenden, irónicamente, que la violecia de género no exista,  ¿Que hay muchos tipos de feminismo? Sí, pero hay algo que todos tienen en común: luchar para lograr la definitiva igualdad de género y obtener todos los derechos que se nos fueron negados durante siglos y siglos, poner fin al proxenetismo, porque legalizándolo es una manera de esconder que hay muchos hombres que lo consumen.


Por el aborto legal, por la libertad de todas aquellas que nacieron en culturas en las que es una tradición vender y casar a tu hija de diez años, que nunca va a tener la posibilidad de estudiar lo que le gusta y siempre estará privada de hacer y descidir por sí misma, y mucho menos, vivir bien y ser feliz.
Entonces, ¿qué está pasando? Pasa que cada vez somos más las que decidimos abrir la mente y tomar consciencia, porque no puede ser que a estas alturas la gente diga que la sangre del útero es asquerosa, cuando en realidad es el fluido más puro y limpio de nuestro cuerpo, porque no puede ser que tengamos que taparnos los senos como si fuera algo que está mal, al contrario, los senos son geniales, no genitales.
Pasa que ahora que somos muchas, ahora que sí nos ven vamos a luchar por conseguir la sociedad que en realidad queremos, que en realidad vale la pena que no cambie, por una sociedad en la que se igualen totalmente los derechos de ambos géneros, potenciando nuestras luchas, desde nuestras identidades históricas, cuidándonos y queriéndonos.


Ana Laura Pérez Montes, cursa 4º de ESO y es simpatizante juvenil de Los Verdes de Torrevieja

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