REFLEXIONES SOBRE LAS MOVILIZACIONES DE AGRICULTORES Y GANADEROS.

En las últimas movilizaciones del campo no parecían observarse demasiados jornaleros. Cosa normal si tenemos en cuenta que entre las organizaciones convocantes las hubo que se opusieron públicamente a la subida del salario mínimo interprofesional y que entre las reivindicaciones del sector está la de rebajar costes de producción, entre los que se encuentran, indudablemente, los sociales.

Por el contrario, parece ser que el grueso de las movilizaciones es compuesto por empresarios del campo, agricultores y ganaderos. Y aquí sí que es cierto que el conglomerado es heterogéneo, porque junto con la reivindicación del pequeño productor, encontramos la del gran terrateniente.

La principal causa de la protesta es la falta de precios justos. Agricultores y ganaderos no obtienen un precio por sus productos que les permita alcanzar una mínima rentabilidad. Según ellos, se produce un desequilibrio en la cadena agroalimentaria, que provoca que la gran distribución y las industrias sean pocas pero poderosas y que los agricultores muchos y débiles.

Es difícil entender la explicación, que sin duda, algo tendrá de cierta, si no se analiza con las herramientas correctas.

Parece que para nuestra comarca, todo lo que no tenga relación directa con el turismo y la hostelería no nos incumbe, pero es fundamental que seamos capaces de mantener una diversidad económica en la que se desarrollen todos los sectores de la economía huyendo del “monocultivo económico.” Pero esa defensa de la economía productiva, debe hacerse desde el análisis de la realidad.

En el capitalismo viejo y nuevo, al margen de cuestiones accesorias, el elemento esencial que sirve para valorizar las mercancías no es otro que el trabajo socialmente necesario. Este concepto implica el trabajo invertido en elaborar una mercancía en condiciones de producción socialmente normales, es decir, con un nivel técnico medio, con una intensidad media del trabajo y una preparación media del obrero en las empresas que fabrican la masa principal de un artículo dado. Y la cuestión es que tenemos que tener en consideración lo que se entiende por “producción socialmente normales” en el mundo actual. Los convenios de libre mercado, las alianzas supranacionales de los estados son un factor necesario en el desarrollo del capitalismo postmoderno. Difícil es entender la vuelta a políticas arancelarias y proteccionistas como las actuales que solo se explican como los últimos estertores de un sistema descompuso como es el capitalismo en su fase actual.

Los productos agrícolas y ganaderos llegan de otros lugares del mundo, fruto de la realidad compleja interrelacional. Son mercancías producidas a menor coste que las locales porque los costes productivos, incluyendo la mano de obra es menor. Por tanto, integradas en la lógica del comercio internacional, conforman junto con la producción local las “condiciones de producción socialmente normales”, dejando la productividad del campo español fuera de mercado. Es la competitividad del capitalismo. El motor de la economía, que ahora es global.

Que no nos engañen con la imagen de una persecución a la productividad del campo. Eso sucede en todos los sectores de la economía. La concentración de capital fruto de la fagotización y destrucción de fuerzas productivas a través de la competencia genera monopolios cada vez más fuertes y poderosos. Lo que en principio se evidenció en mayor medida en la banca, el sector de la automoción o las energías, por ser la que mayores dosis de inversión en capital constante requerían, se ha extendido al resto de la economía y el pez grande se come al chico.

Bajo el socialismo, las inversiones de trabajo socialmente necesario no son resultado de la competencia entre productores de mercancías, como en el régimen capitalista, sino que la planificación de la economía establece el nivel de las inversiones socialmente necesarias a toda la economía. Esta ventaja del socialismo permite evitar las pérdidas y el despilfarro de trabajo social propio del capitalismo. En el socialismo las naranjas se recogen. El ajuste de la oferta y la demanda permite optimizar el rendimiento de las empresas y con ello elevar el nivel de vida de los trabajadores y trabajadoras.

Si alguien piensa que situar en estos extremos la solución de la agricultura y la ganadería es algo utópico es porque como los de ASAJA, se han tragado el discurso ultraliberar hacia el interior del estado y proteccionista y arancelario hacia el exterior que propone la extrema derecha española, presente en algunas de las protestas.

Pensar que es posible un capitalismo de marcha atrás en las relaciones internacionales que proteja las economías locales de las multinacionales y los monopolios es no entender nada de cómo funciona el mundo y eso sí, creer en la utopía en su acepción de imposibilidad.

El futuro inmediato de los pequeños agricultores y ganaderos de España no es otro que su proletarización, y ello, porque es el devenir natural del sistema económico que nos gobierna. Mala táctica ha sido arrimarse a latifundistas, terratenientes y grandes productores que no son aliados, sino verdugos de estos.

Kike Parra / @pcpe_alacant

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