ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

Cada vez que juego a juntar unas cuantas letras e intentar que formen palabras, y a su vez que esas palabras formen oraciones con algo de sentido, me aplico un lema: “La objetividad no existe“.

Valga recordar ese lema para recalcar que nadie tiene la verdad absoluta de nada, y más cuando todos estamos contaminados. Unos, lo estamos por amistades, cercanía. Otros pueden estarlo por complejos u odios. Otros por dinero o pago en especies. Pero nadie está libre de nada.

UN HÉRCULES MUERTO.

El Hércules está muerto. Y si no lo está, al menos convendrán conmigo en que no se parece en nada al club que nos enseñaron a amar nuestros padres y/o abuelos.

Está muy bien, y es muy humano eso de buscar excusas externas: que si fútbol moderno, que si las Sociedades Anónimas,…pero esas disculpas caen en saco roto cuando uno ve a equipos como el Levante, el Villarreal, el Getafe, el Granada, el Osasuna, el Eibar, el Leganés, el Huesca, el Girona, el Fuenlabrada, el Numancia, el Alcorcón…o el Alavés de don Sergio Fernández. Clubes que también viven en la era del fútbol moderno, con ciudades con menos habitantes que Alicante, pero que les ha sonreído la fortuna al no tener un Enrique Ortiz en su accionariado y han sabido hacer las cosas de una forma aceptable o sobresaliente, según el caso.

YA NO ES LA CLASIFICACIÓN.

El problema del Hércules ya no es ver la clasificación, que también. El principal problema blanquiazul no es que la ciudad de Alicante ya no siente al equipo como una seña de identidad propia, provocado ello por el desapego hacia el Consejo de Administración que maldirige la nave. El principal conflicto es que muchos aficionados a los que les corre sangre blanquiazul por las venas ya ni van al Rico Pérez a pesar de haber pagado su abono de temporada. Y eso, como en el amor, no se soluciona fácil. Cuando hay una infidelidad se puede perdonar pero es muy complicado recuperar la confianza. Y si se hace, más difícil es que sea plena. Y en Enrique Ortiz la confianza se ha roto para siempre.

Ya no son cuatro locos los que protestan. Ya no son cinco blogueros con ganas de notoriedad los que escriben. Ya no son decenas de abonados los que han decidido dedicar las tardes de los domingos a cosas mejores que ver a once tíos con menos coraje que Espinete, dirigidos por entrenadores con menos idea que Cañita Brava en arte rupestre, fichados por un Director Deportivo con menos acierto que Tele Cinco haciendo programas culturales, y coordinados por un máximo accionista/acreedor con más juicios por delante que un juez de lo laboral.

PREPÁRENSE.

Y hay que estar preparados para todo. El actual presidente del Hércules, Quique Hernández, al que aprecio como persona mucho (de ahí lo de ser parcial) está diciendo por activa y pasiva que “el Hércules no va a desaparecer pase lo que pase“. Y yo le creo. Pero aunque le crea, los rumores sobre la posibilidad de una refundación son cada vez más fuertes. Y quienes me afirman que esa posibilidad es más que posible no son indocumentados en el tema.

Pero si finalmente no se desaparece, todo apunta a que se bajará a Tercera, consiguiendo de esta forma algo histórico. Jugar contra el Villarreal C, La Roda, Recambios Colón, Jove Español, Crevillente, Vilamarxant, Paterna, Silla o Intercity (si no sube a 2B) puede hacer morir la afición al fútbol en nuestra ciudad. Al menos, esa afición de “ir al Hércules“.

Nadie quiere un descenso. Y menos una desaparición. Pero cada vez son más los que firman descender si con ello se van la familia Ortiz y su colla de palmeros. Todos firmamos que el enfermo se recupere pero nada será igual si eso ocurre mientras el doctor Ortiz siga al frente de este manicomio en que han convertido al Hércules. Porque locos hay muchos pero culpable uno solo. Y ese culpable es el mismo que está consiguiendo que el club de nuestros amores ya no esté enfermo; está muerto porque lo han estado matando años y años ante el silencio cómplice de muchos.

Foto: EFE.

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