LO ÚNICO QUE APUESTAS ES TU FUTURO. “UMBRELLA” SIEMPRE GANA, TU SIEMPRE PIERDES.

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Reflexionando acerca de cómo escribir este artículo sobre la ludopatía, únicamente venía a mi mente el comienzo de una famosa saga de películas de zombis que acaba con una pandemia apocalíptica por la rápida infección de un virus que convierte en zombi a quien contagia.

Con la ludopatía y la patronal del juego, que en este caso llamo “Corporación Umbrella” por los paralelismos y similitudes con dicha saga, tenemos un caso extrapolable: grandes corporaciones especulando con la salud de la gente para el lucro privado sin ningún tipo de escrúpulos por las consecuencias sociales que pudiera tener. En otras palabras, una mafia que con todas las de la ley, se encarga de manipular y sustraer hasta el último céntimo y que es responsable de una infinidad de vidas arruinadas, y como toda mafia que se precie, asesinatos, por la cantidad de muertes por suicidio de los que es responsable.

Analizando el juego y sus consecuencias podemos concluir que hay muchos factores negativos a destacar y pocos (por no decir ninguno) que produzcan algún tipo de beneficio.

Por un lado, el juego promueve la ludopatía. Innegable y advertido por la diminuta letra ilegible de los constantes anuncios en los medios de comunicación. Un concepto, el de ludopatía, que por su constante uso coloquial, ha perdido gran parte de su significado. Lo que es una enfermedad mental que genera la adicción patológica al azar y a las apuestas, se utiliza de forma chabacana para quitarle gravedad y que deriva en más de tres millones de jugadores, con más de 1.300 nuevos diarios según informes de la DGOJ, la Dirección General de Ordenación del Juego.

Por otro lado, tenemos el cómo la “Corporación Umbrella” se enriquece a costa de la pandemia que ha provocado con la liberación de este vector patógeno, provocando un umbral epidemiológico que llega prácticamente a la totalidad del globo y que incide especialmente en las familias trabajadoras. No es que únicamente se deba a que la mayoría de estas “fábricas de ludópatas” están ubicados en los barrios obreros y cerca de polígonos industriales y por cercanía sea a quienes más nos afecte; principalmente es porque somos las familias obreras las que tenemos dificultades para llegar a final de mes y esa angustiosa situación sumada a la falsa sensación de ilusión y esperanza, de conseguir dinero rápido, es aprovechada para enriquecerse a costa de la miseria de las familias.

Lejos del tópico del hombre mayor en una oscura tasca de barrio, en un costado, en la penumbra, con su copa de coñac, apostando en las tragaperras, el 67% de los jugadores tiene de 18 a 35 años y actúa en las apuestas deportivas que suponen el 50% de todo el juego; por detrás andan el póquer, el bingo, el casino o el black jack.

¡Patriotas, es el momento de sacar nuestras rojigualdas y de poner “a tope” el himno de Marta Sánchez, porque nos encontramos otra vez en la cima del top europeo en otra gran estadística! Somos el país con la tasa más alta de ludópatas de entre 14 y 21 años, según un estudio de la Federación de Jugadores Rehabilitados, y es una cifra en constante crecimiento, así que tenemos el oro para rato.

Antes del 2011, el porcentaje de jóvenes entre los ludópatas acogidos para tratar su adicción, representaba sólo el 3,8%, mientras que en el 2015 llegó a ser del 16%. Este dato se corresponde con el incremento de la publicidad del juego y la proliferación de casas de apuestas, tanto físicas como por Internet, a lo que, sumándole la situación de pobreza y precariedad, tendíamos lo que llamaremos “agentes patógenos de esta pandemia.”

Unos agentes patógenos que actúan no por contacto sanguíneo o por respiración, sino por engaño y manipulación; con una infección excesivamente virulenta que se manifiesta con la tortura constante de tener a Carlos Sobera metido en la cabeza repitiendo: apuesta, apuesta, apuesta; gana, gana, gana. Unos agentes patógenos efectivos, según el coste de la inversión que “Umbrella” realiza: una media de 10 millones de euros mensuales sólo en publicidad.

¡Pero que no cunda el pánico! Que con la nueva Ley de Ordenación del Juego se va a regular y revertir esta situación. Ahora la socialdemocracia, la vieja y la nueva, también se ha unido para exigir el cierre de los establecimientos de juego cercanos a centros escolares y que no se abran más casas de apuestas. Ejemplo de esto lo tenemos en Sant Vicent del Raspeig.

Nuestras/os salvadoras/es quieren ignorar el hecho de que la mayoría del juego se produce a través de las plataformas de Internet y colocarse así, otra medallita en el ámbito social. Esto obviamente no soluciona el problema. En este sentido, desde la Juventud Comunista de los Pueblos de España, lo tenemos muy claro, la solución pasa por el cierre de “Umbrella” en su forma física y online y la prohibición de los juegos de azar. Esto no significa que no vayas a poder jugar una timba de póquer con las amigas en el campo un día de barbacoa o que apuestes las “monedillas” que sobran de comprar el pan con el abuelo jugando al chinchón; significa que no existirán empresas que se lucren de la adicción de las personas.

Por último, me gustaría destacar otras cuestiones que también está generando el fenómeno. Se trata del acoso sufrido por muchas operadoras de juego, un sector que en su mayoría está compuesto por mujeres jóvenes, con un físico determinado que son utilizadas como reclamo para los clientes, al igual que la bebida barata o incluso gratis. Son ya muchas las valientes que han denunciado públicamente los tocamientos, besos, acoso y amenazas de clientes, y es una consecuencia indirecta e invisibilizada del patriarcado en el que estamos instaladas e instalados y que no debemos dejar de denunciar.

La juventud tenemos la obligación de denunciar esta situación y reivindicar una alternativa al ocio insano que se nos vende.

Lo único que apuestas es tu futuro, porque “Umbrella” siempre gana y tu pierdes. La ludopatía es una lacra social y un negocio rentable para el capitalismo por lo que las soluciones no van a llegar por arte divino, sino con la organización de la clase obrera ante este fenómeno.

Jordi Franch / @pcpe_alacant

Foto: abc.es

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