“Un equipo muere, cuando su afición muere”.

Hay ejemplos para todos los gustos. Como cuando la Juventus de Turín tuvo que jugar en la Serie B, o el Atlético de Madrid en la categoría de plata del fútbol Español. Sin embargo, ambas entidades llenaban el campo.

En el caso del Hércules CF ya “casi” no le queda ni eso. Y entrecomillo el casi, porque mientras exista Unidad Herculana, el corazón de la afición de esta entidad no va a dejar de latir. Pero el paciente se muere, y esto se cambia o cambiando el tratamiento, o cambiando a los doctores.

A los actuales dirigentes del club ya se les ha acabado el crédito. Han sido veinte años de despropósitos, uno detrás de otro, que ha llevado a un equipo con una deuda gigantesca, y a la pérdida de todo su patrimonio: estadio y afición. Algún día tendrán que explicar por qué en sus negocios privados que tanto éxito cosechan ponen a gente competente, y en nuestro club (ojo! Que no se equivoquen, pertenece a la ciudad) ponen a familiares, amigos y conocidos.

De estos últimos veinte años, el Hércules sólo ha jugado una temporada en primera división. Llenando noticieros, con noticias deportivas, y extradeportivas vergonzantes. Que más que un orgullo, fue una deshonra. Como cuando jugadores campeones del mundo y de Europa como David Trezeguet, se tenían que duchar con agua fría, o tenían que ir a jugar un partido a Riazor en autobús.

De todo este despropósito, y fechorías, lo más grave es que “han tirado a la gente del estadio”. El aclamado director Juan José Campanella, así lo reflejó en su galardonada película “El Secreto de sus Ojos”. “Se puede cambiar de todo; de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión”. Y es que, existe hoy en día una generación de alicantinos que sólo ha conocido un Hércules miserable, mediocre, y lleno de carcoma hasta el tuétano.

Otra gestión es posible. Y así quedó acreditado cuando Perfecto Palacio, junto con Sergio Fernández, tomaron el mando en aquella temporada tras bajar de la Primera División. Una gestión por profesionales y de profesionales. Nada de amiguismos, ni de amistades peligrosas. Gente que ame al club, que lo sienta, y sobre todo, que sepa.

El Hércules CF es de la ciudad, sus colores, su nombre, y su escudo nos representan a todos. Es un activo, no sólo de la ciudad y la comarca, sino también de la Provincia. Si a alguien de las autoridades políticas le importa algo esta ciudad, y sus ciudadanos, tal y como así se recogen en múltiples declaraciones, no pueden perder ni un segundo más en ponerse de perfil. Es hora de actuar. Una ciudad turística, no puede perder la oportunidad de no estar alienada con una entidad que es mediática, y que mueve pasión de multitudes. Un equipo sano, fuerte y limpio, es bueno para todos. Sino que se lo pregunten a los hosteleros y comerciantes si se notó el impacto económico, cuando el equipo juega contra los grandes.

Hoy el Herculanismo está dividido. Lo han intentado; “Divide, y vencerás”, pero afortunadamente se está recomponiendo, y es cada vez más, es un clamor popular, que el cambio debe producirse. Unidad Herculana, no nace para destruir. Nace para construir, desde el trabajo, el compromiso, la humildad, la pasión, y la constancia. El momento es ahora. “No hay mal que por cien años dure, ni cuerpo que lo aguante”. El corazón late, y cada vez latirá más fuerte, porque la afición cada vez lo está teniendo más claro. Se tiene que estar contra la gestión, y con el escudo.

Macho Hércules.

Héctor Frías – Unidad Herculana

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