ALICANTE, AÑO 2019. UN DÈJÁ VU.

Una vez terminado el año 2019, y dando una lectura a la prensa alicantina para ver lo que ha ocurrido de bueno o malo con la intención de hacer balance, la cosa pinta un poco rara. Parece que vivimos atrapados en el tiempo, como en la “peli” de Bill Murray y el gran Chris Elliot, en la que el protagonista, al levantarse cada mañana, comprobaba que revivía el día anterior y era consciente de ello, pero el resto de la población no. Eso más o menos pasa por aquí. Salvo alguna novedad, vivimos en un “dèjá vu”.

Hay algunas pocas noticias que nos señalan que este año no ha sido totalmente “marmotil”. La que sin duda se lleva el premio es la custodia de la Santa Faz, que después de 500 años realizada por las monjas Clarisas, éstas se han quedado sin religiosas y han tenido que sustituirlas las monjas de la Sangre, ¡menudo nombrecito! El resto de noticias, ni fu ni fa. Los lagos de Rabassa son un estercolero, el Hércules va mal, los juicios a Alperi, Castedo y Ortiz se retrasan, el Parque Central ni está ni se le espera, mascletá sí o no en Luceros, o cómo evitar el botellón de la juventud cuando se apuesta por el tardeo.

Somos mediterráneos, nos gusta la fiesta y las adoptamos: Moros y Cristianos, Hogueras, Carnaval, Semana Santa, incluso la fiesta fin de verano en las urbanizaciones, que era típica de los veraneantes se ha instaurado en la ciudad, y para fiestas no hay excusas ni horarios, ni ruido que las controle; y por supuesto, tampoco hay límite para las subvenciones que de ahí salen muchos votos en las elecciones. Por eso no se duda en poner a reconocidos festeros y festeras en las listas electorales, ya que parece que nos aplicamos eso de las penas, con fiestas, son menos penas.

Y el año discurre entre promesas y promesas, con la apatía de una parte de la ciudadanía que se queja en los bares pero a la que le cuesta moverse en las calles. Debe ser el menfotismo alicantino, que todo nos da igual mientras haga buen tiempo.

Menos mal que hay otra parte de la sociedad que se mueve, que entiende la democracia como algo diario y no cada cuatro años, que no soporta las decisiones tomadas sin participación. Esa sociedad es la que sale a la calle el 8 de marzo, reclamando igualdad entre hombres y mujeres, llenado las mismas de ilusión por romper con el patriarcado y el machismo imperante. Es la sociedad que el 1 de mayo recupera su sentido de clase y sale a manifestarse, a reclamar mejoras en la negociación colectiva, menos ERES y más empleo, en la que se grita que no sobran trabajadores, sobran explotadores.

Una parte de alicantinas y alicantinos también han reclamado el derecho a decidir que deben tener los pueblos, dentro del Estado Español, exigiendo la legitimidad republicana el 14 de abril, o en solidaridad con los presos políticos que en Cataluña han defendido el derecho a la autodeterminación.

Pero también ha habido muestras de solidaridad con otros pueblos de fuera del Estado, como el venezolano que lucha contra la injerencia externa y la liquidación de un proceso del pueblo o el boliviano que ha soportado un terrible golpe de estado. Es recurrente que en Latinoamérica las zarpas del imperialismo quiera instalar nuevamente la dictadura con su capital.


Esta parte de la sociedad reclama en las calles con “Orgullo” la eliminación de la discriminación que sufren las personas LGTBI o visibilizan la violencia de género, que no intrafamiliar, como quiere llamarla la ultraderecha.


Pero también pasa el año con represión, multando a jóvenes que se manifiestan ante la visita del REY. Ese Jefe de Estado al que nadie ha votado y que está por ser hijo de quien es. Muchas personas seguimos pensando que la monarquía está obsoleta y fuera de lugar en democracia y que para ser princesas no hace falta besar sapos.

Un año en que hemos permitido que el fascismo se apalanque en el Ayuntamiento de Alicante y que sus propuestas retrógradas, altisonantes y xenófobas sean aplaudidas por otros y otras.

Este año, como los anteriores, nos hemos manifestado también a favor de mantener una zona portuaria libre de contaminación, que permita el uso y disfrute de esas instalaciones para las personas. Una zona portuaria integrada en la ciudad, en la que la antigua refinería de petróleo la Británica pase a gestión municipal para usarla como centro cultural. Y frente a la antigua británica la ciudad necesita ya un paseo litoral que una Agua Amarga con El Campello.

Ferrocarrils de la Generalitat abandonó las vías del Trenet en el tramo de la Cantera y este año que acabó debería haberse iniciado la Vía Verde. La personas ya han hecho suyo este espacio, falta que las administraciones también lo hagan, que apuesten por la movilidad sin complejos, apartando al coche para dejar paso a las personas. Como la finalización del carril bici y peatonal hasta Agua Amarga, que parece se licitaba los últimos días del 2019, con poca participación y sin escuchar a los colectivos que están implicados en la movilidad, como la PCM y AenB.

Y terminó el año con buen tiempo, pero lo hubo también frío y lluvioso, y en esos pocos días, nuestro Ayuntamiento no abrió el Albergue para acoger a aquellas personas que viven en la calle. Los dejó a la intemperie, demostrando que a la derecha le va eso de “ande yo caliente, ríase la gente” aunque en este caso, más que risas había lágrimas, ante la desidia con la que cada día tratamos a los más desfavorecidos.


Tampoco hay muchas novedades en la limpieza. Da igual quién nos gobierne si tripartito o bipartito, el dinero lo gana el mismo, lo pagamos los de siempre y cada vez Alicante está más sucia, con menos contenedores para que la recogida sea verdaderamente más rápida y selectiva. Todo esto con el mayor presupuesto municipal, que supera los 38 millones y medio de euros, bastante mal invertidos por lo que vemos y olemos.

En definitiva, una ciudad gobernada desde el pasado, que permite manifestaciones de exaltaciones fascistas el 20N y rechaza las tasas turísticas porque piensa que perderemos visitantes, pero no exige un tren al aeropuerto ni a Benidorm.

Una ciudad gobernada por personas que piensan abrir al tráfico la Explanada en lugar de peatonalizar el centro de Alicante. Que apuestan por una ciudad abierta al comercio las 24 horas, en lugar de abierta a las personas, vengan de donde vengan, con ocio alternativo a las compras y el consumismo. Pasamos un nuevo año sin tener Plan General, ni frente litoral, ni parque central, ni estación intermodal. Lo que decíamos, Alicante vive atrapada en el tiempo, hasta que sus vecinas y vecinos despierten.

VICENTE ALCARAZ

KIKE PARRA @pcpe_alacant

Foto: infolibre

1 pensamiento sobre “ALICANTE, AÑO 2019. UN DÈJÁ VU.

  1. Muy buen artículo y que nos muestra verdades como puños, cómo ante la inutilidad política del ayuntamiento de turno es necesaria la lucha en las calles, que es donde realmente se cambian las cosas

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