ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

En la guerra, en cualquier guerra, han existido los desertores. Algunos fueron famosos, como Guénrij Liushkov , Arkadi Shevchenko o Charles Jenkins. Otros, la inmensa mayoría eran anónimos. Pero en todos los casos fueron aplaudidos por unos y repudiados por otros: aplaudidos por occidente (caso de los primeros) o Corea del Norte (el segundo) y repudiados por sus países de orígen, aquellos que debían defender.

SIGUE EXISITIENDO LA FIGURA DEL DESERTOR.

En la actualidad sigue existiendo la figura del desertor. Bien sea por miedo a la muerte (cuestión comprensible), bien sea por cuestión de ideales. Porque pocos seres humanos quieren ir a la guerra: suelen invitar a otros hacerlo mientras ellos, los que mandan, se hacen ricos en su sofá, que cantaba José María Sanz, alias Loquillo, hace años.

En política, también hay desertores…y desertoras. Lo que comúnmente suele llamarse tránsfuga. Solo que hay una pequeña diferencia: el o la tránsfuga deja una parte para ir a otra (de un partido a otro). El desertor o desertora lo que hace es abandonar una obligación o causa que defiende.

EL ETERNO DILEMA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS.

Cuando alguien está en cualquier tipo de asociación, bien sea política, sindical, vecinal, deportiva o cultural ha de aceptar unas reglas de juego establecidas en unos estatutos que, en ningún caso pueden ser inconstitucional. Y cuando en esa asociación se toman resoluciones vía votación, bien de las bases, bien de la ejecutiva, todas las personas que componen esa asociación han de acatar esas resoluciones gusten más o gusten menos; sean de la asociación de amigos del abrigo gris o de la asociación de amantes del pimiento morrón.

Solo hay algo que puede hacer alguien que no esté de acuerdo con lo adoptado si no piensa acatarlo: marcharse de donde esté.

En España, la disciplina de partido suele llevarse a rajatabla. Ejemplos hay muchos, pero el más reciente y doloroso para la izquierda fue el protagonizado por las diputadas y diputados socialistas hace algo más de tres años cuando votaron abstención a un gobierno del Partido Popular encabezado por Mariano Rajoy. Y ahí, un buen Pedro Sánchez decidió renunciar a su acta de diputado y no votar algo en lo que no estaba de acuerdo.

¿DEBE SEGUIR LAS MISMAS NORMAS?

Hay otros países donde la cultura del voto en conciencia está más que extendida. Como también hay otros lugares donde se vota al candidato y no al partido. Posíblemente sea un tipo más justo de democracia. Pero solo posíblemente.

En nuestro estado la cosa funciona como funciona. Y el principio de lealtad, el compromiso con las compañeras y compañeros debe estar lejos de cualquier duda. Y más cuando cobras un sueldo gracias al partido en el que estás.

ANA ORAMAS.

Ana Oramas se ha hecho famosa. Mientras su partido, partido gracias al cual es diputada y gracias al que cobra de todos los españoles un (buen) sueldo, decidía abstenerse en la Investidura de Pedro Sánchez, ella decidió votar NO. Lo decidió en contra de las gentes que conforman Coalición Canarias. Lo decidió porque ella sabe más que nadie. Lo decidió, en definitiva, porque no le importaba lo más mínimo la decisión tomada por las personas que le acompañan en su aventura política.

La discordancia es buena en cualquier sitio, lugar y hora. Pero las personas que se creen en el derecho de tomar decisiones por encima de lo decidido me recuerdan mucho a épocas pasadas y oscuras, de lugares donde un loco creía que era más que todo y todos los demás y solo debía prevalecer su voluntad; me parece fascismo dictatorial. Y si no es fascismo, desde luego que demócratica no es la actitud.

Esta señora, tras advertir Coalición Canaria que se le abrirá expediente, ya ha anunciado que ni aunque la expulsen del partido piensa dejar su acta de diputada. Lo que es igual: no piensa dejar su sueldo, sueldo público que lleva cobrando desde 1991. O sea, en breve hará treinta años.

Por sus actos los conoceréis pero no cabe duda que en nuestro país hay gente indigna de llamarse servidores del pueblo, servidores públicos. Ana Oramas es buena muestra de ello. Veremos si es cierto que sigue en el Congreso, si deserta al Íbex35 o se convierte en una nueva tránsfuga.

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