Adiós al fútbol.

FRAN SORIANO

No hace falta ser muy sabio ni haber ido al estadio José Rico Pérez el pasado sábado para adivinar el resultado y lo visto sobre el terreno de juego. La semana comenzó movida y ha terminado revuelta. De un plumazo Jesús Muñoz y Javier Portillo abandonan la disciplina del club. Bueno, corrijo, éste último se aparta de escena y así se quita un marrón de encima. Por otra parte, Ramírez se hace cargo, de nuevo, de la parcela deportiva y trae debajo del brazo no un pan, sino a Vicente Mir, el que ya fuera técnico del equipo durante ese ilusionante playoff contra el Cádiz. Algunos lo vieron como algo que hacía falta, otros como yo lo vimos como el día de la marmota.

Esperpento de gestión

En medio de este alboroto, la Copa del Rey. Una competición en la que los abonados deben pasar por caja para enfrentarnos a otro equipo de 2ªB, histórico, pero de 2ªB. Si bien el abono no lo contempla, cobrar al que sufre cada fin de semana viendo como su equipo del alma se arrastra por el terreno de juego, mientras el rival es el que juega, me parece ante todo una burla al aficionado fiel. Pero esto no acaba aquí. Días después, comunicado. Todo abonado que acuda al enfrentamiento contra el Recreativo acudirá de forma gratuita en la siguiente eliminatoria, vamos que ya hemos pasado de ronda sin jugar. Ah, pero remarcando que la Copa no está incluida en el abono y que esta iniciativa se hace como solidaridad con el abonado. Tócate los dedos de los pies. Y ahora, de nuevo a recular: los abonados entrarán sin pasar por taquillas.

Tocado y hundido

Y con todo esto llegamos el sábado al partido. ¿Rival? El Club de Fútbol Badalona, igualado a puntos con el Hércules, lo que se dice un rival de tu liga. Por sorpresa comienzas ganando y con gol del cuestionado por la afición Moha. Pero ya estamos acostumbrados a que las alegrías duren poco y el empate no tarda en aparecer. El equipo se desmorona, no enlaza jugadas, comete fallos y llega el segundo del Badalona. Y así hasta el final del partido, donde se confirmó una nueva derrota y el pequeño resurgir de la afición que clamó en los aledaños del estadio en contra de los directivos y de los jugadores. Solo queda eso, apelar por que la cosa cambié, ante una directiva que hace oidos sordos a su afición. Aquella afición que ha apoyado al club hasta en los momentos más oscuros, pero una afición que ve como se consume su equipo. Cómo lucía la pancarta que no pudo entrar hace dos semanas: Respetad el escudo, pero no solamente los jugadores, sino todo el chiringuito que hay en los altos mandos del club. Respetad el escudo, pues detrás de él hay miles de personas con ilusión, 98 años de historia que pueden verse empañados con un descenso. Un descenso, que de producirse, sería como decir adiós al fútbol en Alicante.

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